Estamos iniciando un nuevo año y sé que a pesar del panorama -de pronto aparentemente sombrío- que impera en la sociedad mexicana y mundial, la solución es personal y depende de cada uno de nosotros, de la actitud que día a día mostremos por ser y hacerlo mejor, por servir a nuestros iguales y así, en ese tenor, la responsabilidad y el compromiso es de todos para con las generaciones futuras.
Luego del tiempo de reflexión, propio de estas fechas, comparto contigo mi sentir al iniciar el año y parto del hecho de que en la actualidad la inquietud personal (y social) se manifiesta en una mezcla de moda con necesidad. Se buscan preguntas y respuestas; se buscan espacios, personas, pensamientos y sentimientos… se busca ser original, tener la razón absoluta, la experiencia perfecta, la vida diferente, el estilo único, el pensamiento abierto, la mente libre, el espíritu incluyente, la autenticidad envuelta en misticismo, la palabra sabia y pacífica… y se busca ese lugar donde uno pueda ser uno mismo y sentirse aceptado. Y como todo lo que se busca… se encuentra.
Y algunos lo han encontrado -a su parecer- dejando a un lado la escala de valores tradicional, intercambiando, reinventando, eligiendo nuevas religiones o creencias, nuevos alimentos, nuevos criterios para evaluar, para pensar, para razonar y para sentir… Hoy se buscan, se compran, se adquieren, se adoptan o se adaptan a uno mismo muchas cosas que le permiten diferenciarse de los demás… y no siempre para marcar una diferencia que enriquezca, mejore o ejemplifique modos de vida más felices, más plenos y más satisfactorios. En esas búsquedas de equilibrio y de lo diferente… eligen no a favor de ellos mismos, sino en contra. Está comprobado que ni siquiera la libertad absoluta da felicidad, ya ni siquiera en ese placer imperioso de elegir lo que desean son felices, ni tampoco son mejores personas, sencillamente porque en ese nuevo concepto de ser diferentes, no respetan ni lo que verdaderamente son, ni lo que son los demás.
La felicidad no se puede comprar, no se adquiere en la externalidad de uno mismo… ahí se pueden adquirir otras cosas también necesarias para la felicidad… pero no la felicidad en sí misma. La felicidad no es un bien material, la felicidad es una actitud, es una experiencia personalísima y es una elección de todos los días.
Por eso hoy te invito a buscar lo que sea que necesites para ser feliz. Sólo te diré, que nada de lo que se busca para ese fin esta fuera de ti. Por eso, mejor elige aquellas cosas que puedan inspirarte o motivar esa felicidad que sólo tú y nadie más puede generar y disfrutar.
Créeme, el equilibrio perfecto, el lugar, las personas, la línea de pensamiento o las creencias que te hagan feliz… no están fuera de ti mismo y nunca han estado; ahí afuera sólo puedes encontrar -y con suerte…- alicientes que te inciten a proveerte de esa felicidad y a saciar algunas inquietudes.
Por eso algunos siguen buscando, yendo y viniendo, y en lugar de cambiar se adaptan y se conforman con lo que toque en cada prueba de felicidad. El verdadero cambio no es confortable, ni es adaptación ni nada tiene que ver con modas, estilos o manejos de libertades de forma arriesgada, tampoco tiene que ver con política ni con equidad ni con la ecología ni con las religiones ni tampoco con las creencias.
El verdadero cambio está en cada uno, en el concepto que se tenga de sí, en la capacidad que desarrolle para seguir indagando en su interior y, sobre todo, en la buena relación que lleve consigo mismo. Porque ese es el vínculo perfecto, el lugar ideal, el pensamiento, el sentimiento y la persona correcta. No se tiene que ir tan lejos, ni tampoco buscar en lo recóndito de las diferencias o de las extravagancias, sólo se tiene que perder el miedo a conocerse, a respetarse y a amarse más a uno mismo y a esa autenticidad que necesita manifestarse… esa es la única y verdadera inquietud que busca respuestas… ¡Como siempre, tú elige! ¡Felices búsquedas, felices encuentros, feliz 2017¡
Hasta la próxima.