Por Ing. Javier Hinojosa
Presidente de Iplaneg

“Tengo altos niveles de azúcar en la sangre, pero la diabetes tipo 2 no me va a matar. Sólo tengo que comer bien, hacer ejercicio y perder peso. Sé que haciéndolo voy a estar bien por el resto de mi vida”. Tom Hanks, actor norteamericano.

El pasado 14 de noviembre se celebró un evento que pasó desapercibido: el Día Mundial de la Diabetes, instaurado desde 1991 por la Federación Internacional de la Diabetes con el objeto de “dirigir la atención del público hacia las causas, síntomas, complicaciones y tratamiento de esta grave afección, que se encuentra en constante aumento en todo el mundo”. El Observatorio Mexicano de Enfermedades no Transmisibles (OMENT) informa que, desde 2013, la diabetes mellitus es la primera causa de muerte en nuestro país y que México ocupa el 1er. lugar a nivel mundial en incidencia de diabetes mellitus tipo 2 en personas de 20 a 79 años; por otra parte, la OCDE dice que México ocupa el 2º. lugar a nivel mundial en prevalencia de la obesidad. Aquí en Guanajuato 30% de la población tiene sobrepeso y 23% obesidad, es decir, 2.9 millones de guanajuatenses presentan alguna de estas condiciones y la cantidad de muertes por diabetes por cada 100 mil habitantes en el estado se ha incrementado de 47 a 84 entre 1998 y 2013, bastante por encima de la media nacional.

La presencia de este mal se asocia principalmente con el sedentarismo, el sobrepeso y los malos hábitos alimenticios. Existen dos tipos de diabetes: la del tipo 1 que se presenta cuando el páncreas no genera insulina y la del tipo 2 cuando la insulina que se produce no se usa de manera eficiente. La insulina es la responsable de que el azúcar de los alimentos sea absorbida por las células del organismo para dotarlo de energía y ponerlo en movimiento; si esto no sucede, con el paso del tiempo la glucosa se queda circulando en la sangre y va dañando los tejidos, provocando en los pacientes, desde edades tempranas, incapacidades diversas para trabajar, pérdida de la dentadura, mutilaciones, ceguera y altísimos costos en medicamentos y atención médica.

Se nos olvida que hemos heredado un organismo que durante millón y medio de años se ha dedicado a gastar cotidianamente una formidable cantidad de energía en actividades físicas para sobrevivir y buscar sustento, aun cuando el hombre se hizo sedentario hace 10 mil años, cuando su actividad física era intensa: caminar, correr, cazar, sembrar, nadar, escalar, remar, cosechar, cortar madera, construir, pastorear, pelear, todo era a mano y a pie y requería de esa energía. Adicionalmente, durante todos estos años el hombre estuvo consumiendo alimentos naturales poco procesados.

Es en los últimos 100 años que empezó el desorden y -en tan sólo este minuto de la eternidad y en nombre de la comodidad y una malentendida modernidad- pasamos de ser sedentarios activos a sedentarios exageradamente pasivos. Y en el mismo breve lapso hemos hecho a un lado los buenos hábitos de nuestros ancestros para convertirnos en consumidores compulsivos de alimentos altamente procesados, movidos por publicidad, sabor y conveniencia más que por sus cualidades nutritivas; mientras tanto, nuestra genética heredada sigue funcionando igual y produciendo las mismas cantidades de glucosa que producían nuestros antepasados sin aprovecharla como ellos lo hacían.

En cuestión de indicadores que favorecen la diabetes, Guanajuato se cuece aparte con cifras alarmantes: último lugar nacional en activación física, tercer lugar en consumo de alimentos con alto contenido calórico, séptimo lugar entre los estados con menor lactancia materna, sólo el 14% de nuestras escuelas cuentan con bebederos y solo el 42% con instalaciones deportivas en uso. Esta estadística ominosa debiera ser suficiente para reflexionar y cambiar los malos hábitos que nos exponen por igual a ricos y pobres, junto con nuestros hijos, a los riesgos de esta terrible enfermedad.

Existen desde luego muchas líneas de acción, la Secretaría de Salud ha lanzado una magnífica y original campaña con 3 recomendaciones claras y directas dirigidas a cada uno de nosotros: Chécate, Mídete, Muévete. Paralelamente habría que cambiar la forma de cómo estamos construyendo nuestro entorno y destinar una proporción mayor de los fondos federales de movilidad urbana hacia la movilidad no motorizada (peatonal y en bicicleta). Resulta absurdo ir al gimnasio a rentar una caminadora mientras nos movemos de un lado a otro sentados en un automóvil.

Nuestro organismo está diseñado para caminar, no así nuestras ciudades, ya que la forma en que las construimos condiciona en buena medida nuestros hábitos y nuestra salud. Se ha visto que en donde se abren espacios amplios donde caminar o andar en bicicleta con seguridad, de inmediato son utilizados y agradecidos. No podemos seguir siendo ciegos y sordos a estas señales que nos dicen con elocuencia lo mal que se están haciendo las cosas. Está en nuestras manos cambiar el rumbo, transformando y construyendo nuestras ciudades en lugares amables y humanos que nos brinden la oportunidad de regresar a nuestros orígenes para que hagamos del movernos una actividad cotidiana y rutinaria que nos mantenga sanos y en forma, reduciendo de paso la contaminación y el estrés, fuente de otras enfermedades igualmente siniestras.