¿Por qué esconder la sexualidad, si de algo tan bello nacimos todos? ¿Por qué escandalizarse de la educación sexual? Es muy probable que si fuéramos más abiertos con el tema, habría menos embarazos no deseados, principalmente entre menores de edad; habría menos enfermedades de trasmisión sexual, menos discriminación y disfrutaríamos de una sexualidad más plena, sin tabués, y se reducirían las infidelidades.

Las clases de educación sexual, para quienes tuvimos la fortuna de recibir alguna, suelen limitarse a un par de sesiones en que se intentan dos cosas: 1) Enseñar la anatomía de los aparatos reproductivos y 2) Aterrorizar a los jóvenes con un montón de fotografías de infecciones de trasmisión sexual.

Los temas sexuales nos rodean y convivimos con ellos a diario pero nos rehusamos a hablar seriamente de sexualidad. No queremos pensar en educar sexualmente a los niños, nos rehusamos a ir al médico a hacernos chequeos. Si queremos quedar bien con la familia, nuestra vida erótica se vuelve inexistente.

Los medios de comunicación nos educan, los amigos, la familia, la cultura. Nos dicen cómo debemos sentirnos con nuestros cuerpos y cómo deben verse, cómo debemos enamorarnos, cómo y con qué debemos excitarnos, de qué tenemos que sentirnos culpables y a quiénes debemos hacer sentir culpables.
La educación deficiente tiene consecuencias; crecemos con una educación sexual en la que no se nos habla de diversidad y por eso discriminamos a quien no nos parece “normal”. Hablar de género implica enseñarles, a los niños y niñas, que ser mujer significa ser fuerte e independiente y que su belleza y medidas no tienen nada que ver con su valor. También es decirles a los niños que pueden ser hombres sensibles pues no tienen que demostrar ninguna masculinidad a nadie, que si tienen gustos que sean considerados femeninos, eso no los hace ser menos porque lo femenino no vale menos.
Enseñar a las niñas y niños la diversidad de género implica menos violencia machista o posiciones sumisas en un futuro sino hacer y ser lo que los haga felices. Es necesario aceptar nuestro cuerpo y quererlo, sólo tomando consciencia de éste podremos comenzar a amar más y de forma más libre, encontrar más formas de vivir nuestro género y tomar decisiones responsables e independientes sin que otros interfieran.

En este lugar, Sexy Shop en Moroleón, se podrá encontrar desde artículos de farmacia (lubricantes, retardantes, vigorizantes, etc.) hasta libros de información sexual. No es una tienda de maldad o lujuria sino todo lo contrario: ayudamos a disfrutar más con tu pareja y a entender más la educación sexual. Valdría la pena considerar la siguiente reflexión: ¿acaso usted o sus hijos, amigo lector, o quienes juzgan son obra del Espíritu Santo?

Salvador Hernández Palacios