Uriangato, Gto.- Pío V Baeza era un trabajador emprendedor y persistente. Probó ser jornalero y albañil y en algún momento, apoyado por su esposa, comenzó a hacer “vaquitas” -que es una versión local de empanadas saladas rellenas de picadillo. Las vendía en el estadio de beisbol y era esperado con alegría por los aficionados. Además de laborioso Pío gustaba de ir a conseguir productos a tierra caliente.

Posiblemente en uno de esos viajes vio la forma en que se celebraba alguna festividad religiosa haciendo tapetes en honor del Patrono (mera suposición) de la población. El caso es que en 1966 tuvo la luminosa idea de hacer un tapete con viruta teñida. Hizo el tapete en honor de San Miguel. Posiblemente al año siguiente hizo lo mismo y llegó el momento en que un vecino decidió hacer lo mismo, a otros les gustó la iniciativa y la costumbre se fue expandiendo.

Una testigo presencial, y familiar de Pío, comenta que ella vio en 1972 un tapete hecho por Pío y le gustó mucho. Pensó que sería bueno que se hicieran más en más calles. Hoy, 50 años después, los tapetes se extienden a lo largo de 5 kilómetros y son motivo de atención nacional e internacional.

En el programa de conmemoración del cincuentenario de esta tradición, una de las hijas de Pío, Alejandrina, recibió el reconocimiento póstumo a su padre. La esposa de Pío y sus otras dos hijas: Elena y Lourdes residen en los Estados Unidos.

Al conversar con algunos miembros de la organización de la Octava Noche, explicaban ellos el contenido y razón de esta bonita tradición de arte efímero. Decían: “tenemos fe en San Miguel y tenemos mucho que agradecerle; nos sentimos en deuda con él y lo que hacemos es poco pero lo hacemos con todo el corazón. Es un homenaje de fe y no un deseo de trascender”. Con estas palabras quizá quede explicado el motivo profundo que movió a Don Pío para elaborar el primer tapete en la historia de Uriangato.