Por Ing. Javier Hinojosa
Presidente del Iplaneg

“Atrévete a discrepar. Para las buenas ideas y la verdadera innovación se necesita interacción humana, conflicto, discusión y debate.” Margaret Heffernan, Empresaria, ejecutiva y autora norteamericana.

Descubrí Über en un viaje a Dallas Texas después de pagarle 60 dólares al taxi del aeropuerto al centro. Mi hijo me bajó la aplicación y me dio de alta, lo que a él le representó un jugoso descuento en su próximo viaje y a mí un regreso al aeropuerto por tan solo 15 dólares, en un auto en buen estado, una botellita de agua y la sensación de viajar con el servicio de lujo de alguna corporación norteamericana.

La siguiente vez que lo utilicé fue en la Ciudad de México, luego en Monterrey y más delante en un viaje de placer por Bogotá y Medellín; en todas partes el mismo servicio de excepción y el mismo contraste con los taxis tradicionales: autos limpios y de fabricación reciente, no necesitas llevar dinero, la foto del educado y atento conductor, registrado junto con el número de las placas y el modelo del auto, tu factura timbrada en tu cuenta de correo, tarifas preestablecidas y, en varios lugares, la posibilidad de elegir autos de una gama más alta, sintiendo en todo momento la autoridad que te da el premiarlos con un solo click con 5 estrellas por su buen desempeño o castigarlos en caso contrario con una baja evaluación con la facultad de enviar algún comentario favorable o desfavorable.

Über confirma que pronto llegará a México el servicio “Über Pool” que permite a diversos usuarios compartir un mismo auto para llegar a sus destinos si la ruta coincide, lo cual podrá reducir el costo hasta en un 30% a la vez que se reduce la contaminación y el tráfico, tarea casi imposible con el sistema tradicional. En México y en Colombia los choferes nos comentaron casos de acoso y agresiones por parte de los taxistas instigados por sus patrones, que van desde maltrato a las unidades hasta severas amenazas y golpes. En las noticias se habla de situaciones similares en los más diversos rincones del planeta, en todas partes el mismo mensaje: “fuera Über, no se metan, no hagan olas, dejen las cosas como están que a nosotros nos funcionan bien, los usuarios no importan”.

Ciertamente el exitoso y revolucionario servicio ha venido a enamorar a millones de usuarios de todo el mundo y a pisar los callos de los intereses creados en beneficio de poderosos políticos y empresarios dueños de las grandes flotillas, (no son de los humildes choferes de los taxis), que pagan grandes sumas de dinero (de incierto destino) a las autoridades para que les autoricen los juegos de placas para prestar su servicio. En nuestro país y nuestro estado estas concesiones llevan de la mano favores a los partidos políticos en las campañas, que se pagan generosamente con los permisos y la certeza de mantener los monopolios.

Llama la atención que este debate se realice de manera exclusiva entre las autoridades y los taxistas al margen de los usuarios que deberíamos ser los protagonistas; se les olvida que somos nosotros quienes pagamos y quienes debiéramos tener el derecho de elegir la opción que más nos convenga, ¿por qué va a ser ilegal prestar un mejor servicio?, ¿por qué van a inhibir un sistema que funciona mejor para todos?, ¿por qué tenemos que conformarnos con lo que buenamente nos quieran ofrecer si hay a la mano mejores alternativas?

Desde mi punto de vista este debate debe ir más allá de la bronca entre Über y los taxistas. Esta democratización del servicio, a través de la creatividad y la tecnología, es una muestra esperanzadora de que se pueden abrir impresionantes posibilidades sobre el montón de servicios caros y de pésima calidad que prestan el gobierno o los particulares concesionarios de manera monopólica, llámense estos transporte colectivo, sistemas de salud, sistemas de recolección de basura, servicio de energía eléctrica, televisión o el mismo y fracasado sistema educativo mexicano en donde los usuarios no tenemos más opción que tomar lo que hay, cargando con los altísimos costes derivados de la ineficiencia, la corrupción y la tolerancia a sindicatos anquilosados, perversos y agresivos que hacen temblar a nuestras autoridades o se coluden con ellas. ¿Por qué nuestros impuestos -que son dinero honesta y arduamente ganado- tiene que ir a para a las manos de los políticos para ser administrados de manera ineficiente, costosa y arbitraria obligando a todos a acudir a las instituciones burocráticas y limitadas que nos ofrecen?

Lo que propongo a continuación debe sonar tan descabellado como debe haber sonado a muchos el concepto cuando concibieron la idea los fundadores de Über: Imagino un sistema en el que pagar impuestos nos abre una cuenta a nuestro favor de dinero que podemos gastar para servicios públicos dentro de un sistema similar en donde maestros, médicos y prestadores de servicios se inscriben y están disponibles para prestar el servicio y, a través de una aplicación como esta, aparece una lista de profesionistas y empresas registradas y calificadas con puntuaciones dadas por los mismos: alumnos, pacientes y usuarios en donde puedes leer comentarios de sus intervenciones y decidir con quién y a qué escuela y a qué hora acudir para recibir tus clases de inglés, matemáticas, ciencias o finanzas, o a qué hospital y con qué médico asistir para que te revisen de tus dolencias, o a quién pagarle porque se lleve la basura.

Discrepar, innovar, romper paradigmas, debatir, mejorar las cosas, cambiar lo que no funciona, debiera ser la regla en este nuestro México lindo y querido que sigue arrastrando lustros de corrupción, burocracia e ineficiencia.