Por Ing. Javier Hinojosa
Consejero del Iplaneg

“La transparencia no está para restaurar la confianza en las instituciones, la transparencia es la manipulación política de la desconfianza”. Iván Krastev, científico político

Los fines de semana, entrada la mañana, en pijama y pantuflas, sin la presión del trabajo, suelo sentarme ante la computadora y ver pláticas TED que tengo pendientes o me pongo a explorar buscando temas que puedan resultarme atractivos. Siempre encuentro agradables sorpresas, personas excepcionales que en 20 minutos dejan un mensaje profundo que enriquece y motiva. Confieso que en el fondo sueño con ser protagonista algún día y grabar algún mensaje propio que quede como legado para las generaciones por venir. Esta vez fue el búlgaro Iván Krastev quien me movió el tapete cuestionando -por no decir demoliendo- lo poco que quedaba de mi fe en las bondades de la democracia.

Comienza relatando la apertura de la novela de José Saramago titulada “Ensayo sobre la lucidez”: Érase un día de elecciones en un pequeño país, una mañana con lluvias torrenciales que se extienden hasta entrada la tarde, razón por la cual ningún elector ha acudido a las casillas a votar, a las 4 de la tarde la lluvia cede, sale el sol y la gente se vuelca en las casillas; por la noche, una vez completado el conteo de los votos, el primer ministro anuncia que el 83% de electorado ha depositado su boleta en blanco. Gobierno y oposición se quedan paralizados, sin saber qué hacer, en condiciones normales ellos saben cómo tratar a los que protestan, saben a quién arrestar, con quien negociar, pero la experiencia y el manual no dicen qué hacer en casos de boletas en blanco en ese porcentaje: básicamente la gente salió a decirle a quien quisiera oír que no hay partido ni candidato por el que valga la pena votar.

Si bien es ficción, Saramago está muy cerca de describir la realidad, exhibiendo el problema que tienen las democracias hoy en día en todo el mundo. Por un lado nadie cuestiona que la democracia es el menos malo de los sistemas de gobierno, es el único juego que sobrevive, el problema es que mucha gente empieza a pensar que es un juego que no vale la pena jugar.

Recordamos como hasta los 70’s la propagación de las democracias siempre iba acompañada por la disminución de las desigualdades, pero, de ahí en adelante la tendencia ha sido a la inversa: mientras más proliferan, más se agudizan, hasta llegar a las escandalosas desigualdades de nuestros días.

En 1989 cayó el muro de Berlín, evento que nadie se atrevería a criticar, pero del que muchos podrían decir: “Mira, fue en efecto el fin de la guerra fría que rompió el contrato social entre las elites y los pueblos de la Europa Occidental”, pero cuando la Unión Soviética estaba allí, los ricos y los poderosos necesitaban de la gente, porque le temían. Ahora las elites, han sido liberadas. Se mueven a sus anchas. No los puedes presionar. Y esto es básicamente porque ya no temen al pueblo. Como resultado, tenemos esta extraña situación en la que las elites quedaron fuera del control de los electores. Así que no es accidental que los votantes ya no están interesados en votar.

Irónicamente, los desempleados y los marginados que son quienes más podrían beneficiarse del voto, son quienes menos interés tienen en acudir a las urnas. Empezamos a darnos cuenta que podemos cambiar los gobiernos pero no las políticas y cada vez es menos lo que podemos hacer al respecto.

Lo que los asesores políticos han aprendido de los psicólogos (y lo han aplicado al pie de la letra como aquí en nuestro país) es que sus candidatos no necesitan hablar de ideas y programas, lo de ahora es manejar las emociones del electorado, el contenido ya no importa, los que cuentan son los medios de comunicación.

Hasta aquí el resumen de lo que le entendí a Krastev, desde el inicio de su pesimista plática anuncia que más que respuestas va a presentar interrogantes al tema, la verdad es que no hay respuestas fáciles a este complejo tema, lo que sí me doy cuenta es que la democracia como la practicamos no está respondiendo a las expectativas y necesidades de la ciudadanía y que si algún cambio se va a realizar tendrá que venir de nosotros; los partidos políticos tendrán que salir de su cómoda pero frágil y peligrosa posición, proponer ciudadanos capaces y honorables, y reinventarse en formas que les permitan recuperar la credibilidad y la confianza del electorado para responder verdaderamente a los tiempos que estamos viviendo.