Solidaridad

Despertemos del letargo, participemos cuando nos inviten y generemos lazos de unión para que cuando algo nos afecte tengamos la posibilidad de recibir ayuda. Somos una comunidad numérica, hagámosla efectiva en la realidad. Démonos la mano.


Hace algún tiempo un amigo me contaba una historia de Beltolt Brecht, dramaturgo alemán, basado en su experiencia como parte del pueblo alemán. Cuando estaba en su periodo ascendente el régimen nazi fue ganando fuerza y agresividad. En esas circunstancias el escritor se dio cuenta de que detuvieron a su vecino porque era judío pero eso no le afectó puesto que él no era judío. En seguida detuvieron a un gitano y tampoco se sintió afectado así que siguió su vida normal, Poco después detuvieron a otro vecino porque era católico y en seguida hicieron lo mismo con un protestante por razones similares. Tampoco sintió que esos asuntos tuvieran algo que ver con él.
La lista de indeseables para el régimen crecía día con día y el vecindario se iba adelgazando. Finalmente vinieron por el dramaturgo –él mismo- pero ya no había quien lo defendiera o protestara por la injusticia. Así que el desenlace sí le afectó personalmente después de todo.
La lección es por demás obvia: por encima de las diferencias de religión, raciales o sociales, o de cualquier otro tipo, somos seres humanos y en cierta forma estamos unidos. Es más lo que nos unifica que lo que nos distancia. Ver a una persona sufrir nos afecta de inmediato sin que nos detengamos a pensar en las diferencias y tratamos de ayudar.
Esta solidaridad básica es la defensa de las comunidades para impedir que los cánceres sociales se extiendan y finalmente aniquilen al grupo. Antes de que los problemas crezcan es necesario darse cuenta que si no nos apoyamos mutuamente y nos interesamos en el bienestar común, la vida comunitaria se irá debilitando. Si mi vecino o conocido necesita ayuda, tenderle mi mano no sólo es un bonito gesto humanitario sino que preservo el equilibrio social. Igualmente, las enfermedades y privaciones piden la ayuda de los demás. La pobreza y la soledad son urgentes gritos de ayuda. Interesarse en los demás no es afán de entrometerse en vidas ajenas sino una manifestación de solidaridad.
Si nos sentimos identificados unos con otros, podremos apoyarnos y comunicarnos. Un mal pagador, causa estragos si no hay comunicación oportuna entre los colegas. Hay comunicación útil cuando me siento parte de una comunidad y hacia allá se orientan muchas actividades y programas oficiales, eclesiales y de organizaciones de acción social. Despertemos del letargo, participemos cuando nos inviten y generemos lazos de unión para que cuando algo nos afecte tengamos la posibilidad de recibir ayuda. Somos una comunidad numérica, hagámosla efectiva en la realidad. Démonos la mano.