Celebraciones

En marzo se celebra el Día de la Mujer y el de la Familia. En ambos casos la protagonista principal es la mujer. Celebrar a la mujer tiene sentido porque en la historia humana ella ha sido relegada y por consiguiente a esa acción corresponde una reacción. La democracia habla de igualdad y uno de sus primeros efectos fue abolir la esclavitud la cual se consideraba normal. De la misma manera, en esos lejanos tiempos el papel secundario de la mujer se consideraba normal pero poco a poco la democracia fue desvaneciendo ese supuesto.

A las nuevas generaciones, especialmente a las mujeres, les puede parecer absurdo e inexplicable que hubo un tiempo, no tan lejano, en que las mujeres no tenían derecho al voto. Las razones quizá eran comprensibles en la sociedad de ese tiempo pero evidentemente no armonizaban con la democracia que se proclamaba en las leyes. Laboralmente tampoco había igualdad y hoy este es uno de los principales objetivos que aún se deben alcanzar. La religión también está transformándose en ese sentido y la mujer se involucra en muchas tareas. En el deporte vemos boxeadoras, luchadoras, toreras, futbolistas, etc. y esas barreras tradicionales también están cayéndose. En política las leyes establecen paridad en candidaturas y puestos. Es decir, la igualdad avanza incontenible en todos los campos y es deseable que así sea porque las limitaciones duraron siglos y los resultados no fueron buenos. El mundo cambia porque todos aspiramos a vivir en un mundo mejor. Y este mundo incluye a las mujeres, por supuesto, pues sin ellas el mundo sería un lugar árido e incomprensible.

No se trata de cantar himnos o erigir estatuas sino de adoptar nuevas normas en el trato con las mujeres. No son inferiores ni superiores: son seres humanos tan limitados y originales como nos sentimos todos. Hay mujeres egoístas como hay mujeres generosas; hay mujeres delincuentes como mujeres dedicadas a hacer el bien; mujeres libres y encantadoras, como mujeres obsesivas y opacas. En fin, todos somos parte del género humano y por ello eventualmente desaparecerá el Día de la Mujer. Hoy tiene una lógica histórica pero si el avance de la sociedad sigue su evolución natural, la igualdad o equidad será el sello distintivo.

Por lo que toca a la familia aún hay mucho trabajo que hacer. Todos nos explicamos -en nuestro ser más profundo- gracias a la familia de que provenimos. Una familia sana trasmite valores y costumbres sanas; una familia dañada trasmite eso que vive y perpetúa esa carencia. Es por ello que es de suma importancia apoyar a la familia en todos los terrenos especialmente en lo referente a la educación en los valores. El respeto a los bienes ajenos, a la integridad física de los demás, el buen uso del lenguaje, a la consideración hacia niños, enfermos, ancianos y mujeres, a respetar y preservar los espacios públicos, a colaborar en actividades comunes, etc. son pequeñas acciones positivas que derivan de los valores individuales y de la forma en que uno ve la vida y su papel en ella.

Y esto evidentemente no lo inventa cada familia sino que es herencia de valores que han demostrado su utilidad para convivir en una sociedad de leyes y normas aceptadas. Y hasta ahora es la madre el sostén fuerte en estos aspectos. Ella convive más con los hijos y es ella quien observa y forma más de cerca el carácter de cada uno. El padre, tradicionalmente, representa la objetividad y frialdad de la ley y la madre la calidez del afecto y la comprensión. De la combinación de estos dos elementos se produce el ser humano equilibrado y positivo que construye su comunidad. Cada ser humano dotado de estas características es una barrera a la delincuencia y un promotor del respeto a la ley y a las normas. Celebremos a la familia cada día y con ello hagamos de nuestro México un verdadero hogar.