Llegó el tiempo en que, contra todas las adversidades imaginables, reafirmemos la voluntad de vencer, de seguir adelante y de superar los obstáculos

Curiosidades

Una conferencista hablaba sobre la importancia o la influencia de la mente en nuestra conducta o en las acciones que hacemos. Nos pidió a todos que cerráramos los ojos e imagináramos estar en la cocina. Continuó: “ahora abres el refrigerador, tomas el limón de mejor aspecto, lo lavas en el chorro de agua de la llave y empiezas a sentir su aroma. Lo pones sobre la tabla de cortar y lo partes en dos. Ves cómo brota el brillante jugo y percibes su olor. Ahora tomas una mitad y la colocas en tu lengua. Sientes su sabor… y la boca se te hace agua.

Con voz fuerte nos dijo a todos: “Ahora ¡abran sus ojos! ¿Cuántos de ustedes sintieron que se les hizo agua la boca? Levanten su mano”. Naturalmente casi todos levantamos la mano. Luego explicó cómo las nuevas investigaciones están arrojando luz sobre el papel de la mente en los más diversos padecimientos. Esto ya lo sabían Freud y otros investigadores. Pero ¿por qué este conocimiento no ha tenido más utilidad en la vida diaria de miles de personas? Puede haber muchas razones pero el hecho indiscutible es que la mente gobierna una buena porción de nuestra conducta.

Si se acepta este primer postulado, entonces una conclusión lógica sería usar este conocimiento para aplicaciones positivas. Por ejemplo para autoconvencerme de mi propia valía, de mi salud, de mis capacidades. Usaría la mente para afirmarme y no para reducirme; para levantarme y no para deprimirme. Suena simple pero no lo es. Todos necesitamos no sólo saber que somos amados sino sentir, experimentar ese amor declarado en palabras. Proclamar el amor a la patria es fácil pero obrar en consecuencia es difícil. El ser humano necesita al prójimo para fortalecer y nutrir sus convicciones.

El papel del espejo que me devuelve la imagen, me está orientando sobre lo que debo hacer. Me entrega una imagen neutral pero real. El prójimo, en cambio me retorna una imagen de acuerdo a su propia visión. Puede jugarme una broma, puede elevarme o sepultarme, animarme o deprimirme. Necesitamos de los demás, somos seres sociales y nuestra personalidad depende del intercambio con los demás. Pero, en última instancia, cada uno de nosotros le damos el peso decisivo a las palabras y acciones de los otros. Los necesitamos pero nuestra mente, nuestro yo interior, es la fuerza decisiva. Y en este punto es fundamental qué queremos hacer y cómo lograrlo. Como región se está percibiendo una especie de primavera mental en que parecen brotar señales de renovación.

Los males, las carencias, las fallas, y las falsas palabras siguen allí. Pero contra todo ello, y ciertamente con más fuerza, está la aspiración innata del ser humano de buscar mejores niveles de vida, de entendimiento, de progreso y de mejor convivencia. Llegó el tiempo en que, contra todas las adversidades imaginables, reafirmemos la voluntad de vencer, de seguir adelante y de superar los obstáculos. Como ciudadanos conscientes de esta región podemos hacer mucho por ella. Las decisiones de nuestra mente, de nuestro interior, deben apuntar hacia ese objetivo. Tenemos todo lo necesario para alcanzarlo.