Palabras, Palabras…

Los dos debates entre Hillary y Donald han sido un ejercicio interesante y material de reflexión sobre lo que está ocurriendo en el país que se supone es una democracia modelo. Hillary muestra dominio y conocimiento pero no entusiasma; Donald es ocurrente pero totalmente vacío. Hillary puede aburrir y Donald entretener ¿cuál de los dos sería más útil en una democracia? Y no hay otra opción: hay que elegir entre ellos dos. El votante estadunidense mostrará sus preferencias pero todos las padeceremos.

En el segundo debate Donald atacaba calificando los mensajes de Hillary como “palabras, palabras” pero uno de los mayores talentos humanos, Sócrates, se enfocó en las palabras para tratar de llegar a la verdad. La razón es que el sonido de una palabra corresponde a un concepto o a una idea que, a su vez, se originó de una realidad. Así que estudiar o analizar las palabras es una ocupación útil. Las redes sociales manejan palabras escritas, videos e imágenes. Todo ello es comprensible cuando se entienden las palabras pero si cada quien le da un diferente significado, el resultado es la confusión y no la comunicación.

La palabra creer significa considerar algo como cierto o probable sin certeza absoluta. Creíble significa que hay razones para creer. Increíble es algo que no se puede creer o que si sucede, es asombroso. Crédulo es quien cree sin tener evidencia alguna, ni siquiera débil. Una creencia puede ser sólo una suposición o un sistema religioso. Cretino, por otra parte, significa estúpido. Para disipar errores, las escuelas enseñan metodología que es una serie de pasos para trabajar más eficazmente cuando se busca la verdad de un dato.
De hecho la ciencia es eso exactamente: buscar la verdad usando procedimientos comprobados. Esto entrena las mentes de las personas que entonces desarrollan criterios para analizar la realidad y ver su dosis de verdad. Quien no se ha sometido a este entrenamiento, carece de herramientas para juzgar y analizar y se ubica de inmediato en la credulidad. Las redes sociales son terreno fértil para la credulidad y quien cree todo lo que lee en ellas, se convierte en crédulo, es decir en una persona que acepta todo lo que oye o lee sin importar quién, cómo o por qué lo dice.

Así se desatan los rumores más descabellados y ganan terreno con rapidez. Un post o un mensaje deben tener señales de veracidad y para ello hay que “ir a la fuente”, es decir, investigar su procedencia. Si lo dicen “expertos” -sin otro título que ese- es poco recomendable seguir sus “dietas”, “consejos de salud” o diagnósticos “psicológicos” por más atractiva que se la imagen con que lo presentan, interesantes las palabras o rimbombantes (pero inexistentes) las autoridades o instituciones que lo respaldan.

Esto acaba de suceder localmente con el señalamiento de secuestro de niños. Hubo quien dio datos de escuelas, circunstancias y demás pero sin nada específico o comprobable. Algunos hasta supusieron el motivo y -en el extremo- se llegó a recomendar el linchamiento si se lograba atrapar a algún secuestrador en vista de la “nula acción” de la autoridad. Todo esto sembrado eficazmente en el terreno de la credulidad…

Quien inicia estos rumores quizá lo hace por un sentido del humor francamente enfermo aunque un resultado positivo es que todos estaremos más alertas (ciudadanos y autoridades) para detectar cualquier señal inquietante. Otra cosa útil sería que los padres de familia se relacionaran y se organizaran para protección mutua y lograr colocar cámaras en el exterior de las escuelas.