Fin de año

Se acerca el Buen Fin que es una iniciativa de gobierno y empresas para revitalizar el comercio. Años anteriores el proyecto ha sido muy fructífero. Este año, y en nuestros municipios, se ha tomado con seriedad y profesionalismo por parte de los departamentos de Desarrollo Económico y Turismo. Habrá personal de apoyo para orientar y acompañar los posibles compradores. Tendrán información sobre comercios, estacionamientos, restaurantes, líneas de producción, servicios diversos, etc. Serán pagados por Presidencia así que no deberán aceptar propinas de los clientes.

Morleón y Uriangato se concentrarán en el comercio textil, mientras que Yuriria lo hará en la actividad turística.
El comprador encontrará una infinita variedad de productos y ropa para todos los gustos a precios accesibles. De hecho muchos compradores foráneos han hecho empresas lucrativas a partir de esta acción tan simple: elegir la ropa, comprarla, exhibirla atractivamente y doblar o hasta triplicar el precio. Si viaja uno a ciudades cercanas y tiene la curiosidad de preguntar en las tiendas por el precio y verifica la calidad de la prenda, se da uno cuenta de que muchos comerciantes están perdiendo tiempo y dinero vendiendo ropa que no es fabricada en nuestra región. Usualmente la ropa en las tiendas comunes de esas ciudades es pasada de moda, mal cortada, con diseño atrasado y mal terminada. Y para completar el cuadro, a precios excesivos.

Todo cuanto se haga para difundir nuestras virtudes y fortalezas redundará en un bien general pues la mayoría de la población, en una forma u otra, estamos conectados con la actividad textil o comercial. Si a eso le vamos agregando –por vía de convencimiento- la iniciativa de regular el tráfico y el comercio informal en las miles de tiendas que unen a Moroleón y Uriangato, el beneficio sería incalculable. Hay quien pone un pequeño tendedero y ocupa una esquina o una banqueta y los compradores deben caminar por la calle con el consiguiente riesgo. Los que venden fruta, comida, discos, plumeros, agua fresca, fruta picada, y cientos de artículos inimaginables ocupan otros espacios que reducen la vía.

Hay quienes han liberado las banquetas pero el espacio sigue siendo reducido y la gente prefiere caminar por la calle cuidando de evitar las veloces motos que entregan comida, o esquivando los coches o camionetas estacionadas. Sería estupendo que estas calles se convirtieran en peatonales con zona de guarda, descanso, vigilancia y señalamientos. Poco a poco los compradores se sentirían tomados en cuenta y quizá las ventas se acrecentarían al tiempo que el servicio y la atención también crecen. La unión y entendimiento entre los municipios es una buena señal que puede anunciar tiempos mejores especialmente para el comercio.