Siempre nuevo

La historia humana suele verse desde dos ángulos: uno afirma que las acciones humanas en el tiempo tienden a repetirse indefinidamente, es decir, transcurren en ciclos repetitivos y simbolizan esta idea con la serpiente mordiéndose la cola. El otro ángulo propone la idea de que las acciones humanas son irrepetibles y que siguen una línea recta y ascendente, es decir, la historia no se repite y cada etapa es única. En la vida práctica solemos repetir cada año eventos, ceremonias y rituales que, sin embargo, no pierden su frescura y novedad. Una primera razón es que las generaciones se van sucediendo y siempre habrá nuevos seres humanos que verán cada celebración con una mirada fresca.

Otra razón es que el ser humano es creatividad pura pues siempre está insatisfecho con su realidad cotidiana. Esa insatisfacción lo impulsa a romper límites, a salir de las rutinas, a buscar nuevos caminos y formas de hacer las cosas. Observe usted a los niños y verá que dos de sus palabras favoritas son ¿por qué? y ¡no! La primera, porque el niño necesita razones para convencerse de que lo que oye y se le manda es lo mejor por alguna razón evidente. Y la segunda, porque él busca hacer las cosas a su manera y no como lo han hecho siempre los adultos.

El nacimiento de un niño no es igual aunque se dé repetidas veces en la misma familia. Una fiesta de quince años nunca será idéntica a otra aunque las festejadas sean hermanas. Una boda es una boda pero siempre es algo más: tiene características propias. Y así podemos recorrer los festejos familiares, civiles y religiosos. Se repiten cada año pero cada vez hay elementos nuevos. Es decir, la historia es cíclica pero también rectilínea gracias a la aportación humana. ¿Por qué esta reflexión?

Porque hay personas a quienes se les llama “grinch” –o les gusta a ellas que les llamen grinch- porque encuentran razones para arruinar la celebración de la Navidad, del Año Nuevo o de cualquier otro festejo. Un argumento básico es que siempre es lo mismo: los mismos cantos, las mismas guirnaldas, las mismas nochebuenas, los mismos platillos, los mismos villancicos, las mismas lecturas, las mismas reflexiones y los mismos evangelios y, en algunos casos, hasta los mismos regalos….

Usted puede estar de acuerdo con el grinch y compartir sus argumentos y entonces la Navidad será un rosario de miserias y tristezas. Pero, por el contrario, puede apelar a su creatividad y ponerla en juego para hacer de esta fiesta, y de otras muchas, una oportunidad para el regocijo, para el cultivo de la amistad, para el acercamiento y el afecto. Estamos hechos para vivir en comunidad y la Navidad es momento de sentir los beneficios de con-vivir. Comer solo nunca será igual a comer acompañado y este sencillo acto será muy placentero cuando se comparte con quien se quiere o se aprecia. Si siente el cosquilleo de ser grinch o le invitan a serlo, le sugiero tome la otra alternativa: pruebe ser amistoso y afectuoso; sonría y extienda su mano franca y cálida. No se resista a los abrazos, es más, propóngalos y es muy probable que disfrute esta temporada que se renueva cada año.