Descontento

La economía es una ciencia misteriosa para el mortal común. Y si se habla de la macroeconomía, el misterio es aún mayor porque se basa en cálculos y tendencias solo conocidas por un reducido círculo de expertos. Sus explicaciones más bien parecen justificaciones “post factum” que aclaraciones. Así que en estos días cuando se anuncia el alza de la gasolina la mayoría oímos con incredulidad las aparentes ventajas que, a largo plazo, nos traerá este aumento. Por lo pronto, el alza significará una segura y palpable merma de los recursos disponibles. Y con ello, varios bienes y servicios buscarán su nuevo nivel.

Con igual seguridad los expertos opinan que esto no traerá inflación y que la variabilidad de los precios del combustible puede ser benéfica para el consumidor –a largo plazo- nos indican. En todo caso será interesante escuchar al presidente de la república en el habitual discurso de año nuevo y quizá nos explique esos beneficios ocultos que los expertos señalan.

Los partidos políticos sugieren estrategias para canalizar el enorme descontento que se expresa en diversos medios. En este punto nuevamente los expertos opinan que el sector descontento está compuesto solo por aquellos ciudadanos minoritarios que tienen coche.

Otro hecho igualmente misterioso es el desplome del peso y sucede que tampoco se culpa de nadie y que son los factores externos los que nos causan este problema. Si en algo necesitamos asesoría toda la población es en ayudarnos a entender estos fenómenos que son como la peste en siglos pasados: atribuida a agentes malévolos, intangibles e invisibles.

Igualmente incomprensible es la afirmación de que si cae el precio del petróleo, los combustibles derivados de él, deberían tender a bajar también pero no es así en nuestro país. Quizá en una economía como la estadunidense, sí suceda este nexo causa-efecto pero no en México.

Este no es el mejor de los escenarios para comienzo de año pero en incontables ocasiones los mexicanos hemos sufrido desgracias indecibles y hemos logrado salir de ellas. Esta energía se trasmite de generación en generación y seguramente muchos jóvenes que ven lo que está sucediendo y reflexionan sobre ello, estarán buscando maneras alternativas y mejores de hacer las cosas. Cuando ocurre una catástrofe –natural o causada por el hombre- solemos decir: “esto es lo peor que nos ha pasado, ya hemos tocado piso”, pero cuando algo (aún peor) nos sobreviene, descubrimos que éramos más fuertes y solidarios de lo que suponíamos.

Esta es la parte oculta pero viva del mexicano. Nuestros políticos no están a la altura de esta reserva de energía y visión que posee nuestro pueblo. Esta vez –como en otras ocasiones- tendremos que salir adelante pero ojalá hayamos aprendido y podamos aplicar las lecciones recibidas.
¡Un Feliz Año Nuevo a todos nuestros lectores y anunciantes!