Confusión

En estos días Francia se llenó de luto por decenas de víctimas que perecieron a manos de terroristas musulmanes. La religión musulmana seguramente no manada el asesinato ni considera le exterminio del prójimo como un medio para la salvación.

Cristo predicó el amor al prójimo pero en algún momento de la historia los cristianos creyeron que obedecían la voluntad de Cristo si mataban a quienes consideraban estaban en el error. Esta contradicción no era considerada como tal en esos tiempos y se aceptaban con naturalidad la guerra y todas sus consecuencias. Sin embargo, con esa dinámica original del cristianismo y sus afirmaciones básicas las sociedades occidentales evolucionaron y se llegó al estado actual en que se afirman universalmente los derechos del hombre (al menos en teoría y en las leyes).

Algunas sociedades musulmanas no han seguido el mismo camino y consideran a occidente como semillero de males y perversidad. Esta facción es una parte minoritaria –pero muy combativa- de esa religión y ha alcanzado notoriedad en su afán de formar un nuevo estado o califato. Si occidente responde con violencia, les da la razón a los fanáticos de que Satán es rey en esta parte del mundo. Si occidente no reacciona y no combate, los deja libres y se hacen más fuertes. Ante este dilema, surge la confusión. Hay voces que piden calma y otros abogan por el ataque. El ataque ganará a corto plazo pues los violentos entienden y respetan el lenguaje de la fuerza.

¿Qué sucederá? Presumiblemente, occidente prevalecerá y tendremos años de reacomodo al tiempo que se propondrán nuevas reglas internacionales para combatir el terrorismo. Mientras, en México, podemos trabajar por la paz y la educación. Es la única forma de unirnos y presentar un frente sólido. La educación nos prepara para la realización personal a través del trabajo, la creatividad y el emprendedurismo. Y todo esto nos lleva a la prosperidad que es una meta a la que todos aspiramos