Sed.

El cuerpo avisa cuando necesita agua. Lo mismo sucede cuando necesita comida. Tanto la sed como el hambre son sensaciones molestas que solicitan satisfacción de manera casi inmediata. De esta forma el cuerpo asegura su supervivencia y el funcionamiento de todos sus sistemas. Un hombre sano, equilibrado y feliz debe tener cubiertas esas necesidades básicas. Pero ¿qué decir cuando tratamos de aplicar estos hechos al desarrollo total del ser humano? Pensemos en el desarrollo intelectual, por ejemplo.

La razón, o el intelecto es ingrediente esencial para que las sociedades avancen. Son las ideas, el pensamiento y su continua renovación lo que propicia el progreso. Sin ideas una quietud de muerte se apodera de cualquier grupo humano. Y por el contrario, el grupo social con más ideas y más pensamiento predomina. Piense usted en Suiza o Japón que geográficamente son países pequeños y con escasos recursos naturales. Alemania tampoco tiene una gran extensión. Lo que hace grandes a estos países es la riqueza intelectual de su gente.

¿Cómo se adquiere esta riqueza intelectual? La respuesta parece obvia pero no lo es tanto cuando leemos que ha habido genios que dejan la escuela y destacan. Pero ninguno de ellos estuvo privado enteramente de la escuela o alguna institución similar en que se estimulara el conocimiento y el estudio. Todos tuvieron oportunidad de acceder a alguna fuente de conocimiento y bebieron de ella ávidamente. Hay una sed y un hambre intelectual. Y tal como sucede con el aspecto físico: cuando envejecemos la sed deja de manifestarse igual que el hambre. Y, paralelamente, quizá es señal de vejez intelectual no sentir la sed de aprender ni el hambre de conocimientos como dos apetitos básicos para desarrollarse. Y abusando del paralelismo se podría decir que una sociedad que ignora o desprecia los estímulos intelectuales, se está condenando a una especie de retraso general.

Hace unos días el Doctor Arturo Lara secretario de la secretaría estatal de Innovación, Ciencia y Educación Superior ofreció una charla a un reducido grupo para exponer una descripción de los objetivos, programas y apoyos con que cuenta su Secretaría. Fue muy interesante que ahora los jóvenes universitarios pueden llevar a realización sus proyectos aunque no tengan dinero ellos mismos o la universidad que los produjo. En el mundo actual (¿y no ha sido siempre así?) quien innova y crea, hace que su país avance. Toca a los empresarios, a las escuelas, a los medios de comunicación, a toda agrupación generar y apoyar toda iniciativa orientada hacia la innovación y la creatividad.

El ser humano es anticonformista por naturaleza y para convencerse observe usted a los niños pequeños: se resisten a la obediencia ciega, quieren hacer las cosas a su modo y siempre están preguntando el porqué de cada cosa. Si replicáramos esto en nuestras comunidades, nuestro avance sería más asombroso y rápido de lo que ha sido hasta ahora. Agradecemos al Doctor Arturo Lara el que haya compartido sus inquietudes y proyectos con nuestra región. Sabemos que este primer contacto será el inicio de una serie de encuentros posteriores.