Futuro

El terminar un año vemos hacia atrás y hacemos un recuento. Vemos proyectos realizados y otros fracasados u olvidados. Pero también es momento de ver hacia adelante, hacia el futuro. Hay un ejercicio intelectual llamado “futurología” que toma en cuenta variables actuales y trata de predecir combinaciones posibles, probables y deseables para describir el futuro a corto, mediano y largo plazo. El ser humano siempre ha intentado ver el futuro pero las predicciones exactas son imposibles por la sencilla razón de que el ser humano es libre.

Sin embargo, hay datos que permiten a los expertos visualizar el desarrollo futuro de su actividad. La tecnología inventó la aplicación “Uber” que está revolucionando la industria del transporte llevándola del servicio público (concesionado) a un contrato entre particulares. De la misma forma, la tecnología está haciendo posible que la energía del sol se almacene en forma de electricidad y con ello empresas como la CFE pueden quedar desactivadas. Estos avances energéticos se darán también en el automóvil con lo que el petróleo ocupará una importancia secundaria. Estos tres avances tienen impacto social y económico. El México del futuro se puede imaginar teniendo en cuenta estos avances –y otros más- pero será difícil ser precisos.

La medicina y la genética siguen progresando y ciertamente las generaciones futuras tendrán a la mano recursos que hoy ni siquiera imaginamos. La vida será mejor pero lo mismo se predijo cuando se extendió el uso intensivo de las computadoras…pero aparecieron los “hackers” y el optimismo inicial se moderó. Combatimos y eliminamos virus y bacterias pero estos microorganismos también se defienden y evolucionan. En resumen, una carrera sin fin. Pero todo esto no detiene al ser humano en su afán de manejar su futuro.

México, según los expertos, tiene un futuro prometedor pero su realización depende naturalmente de varios factores y los más importantes son la libertad y la creatividad humana. Si obramos guiados por valores universales, una buena porción de ese futuro podrá ser real; de otra forma, nuestras acciones arruinarán esas alentadoras probabilidades que ven los expertos. Por ejemplo, la delincuencia es un elemento negativo que daña nuestra sociedad y las perspectivas de inversión. Toca al ciudadano y al gobierno hacer su parte para que el futuro se realice como lo soñamos y como lo merecen nuestros hijos.