Comprensión
Antes de Chuayfett México participaba en una prueba PISA que mide la habilidad de los estudiantes de varios países en matemáticas y lenguaje. Una parte importante era la comprensión del lenguaje. Lógicamente se trata de probar la eficiencia en la propia lengua, la que se habla en el país de origen. Todos podemos leer, como todos podemos hablar. No todos comprendemos lo que leemos, ni hablamos con claridad o coherencia. Saltamos de una frase a otra y si se nos pregunta sobre lo que leemos, quizá lo medio comprendamos.

El Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales (GIEI) presentó un reporte sobre los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y cuestionó lo que se daba por “verdad histórica”, según Murillo Karam. El meollo del asunto fue tener que leer más de 150 mil hojas de los expedientes que contenían declaraciones de los involucrados (policías, delincuentes detenidos, funcionarios, choferes, familiares, etc.) De ese estropajo sacaron en claro que no se había relacionado una declaración con otra: eran fragmentos sin sentido ni conexión.

No sé la profesión que tengan estos expertos (dos colombianos, un chileno, un español y una guatemalteca) pero me aventuro a suponer que estudiaron filosofía cuya misión es proveer una visión global e interconectada de cada tema que trata. Un especialista reduce su visión al tema que le ocupa, mientras que un filósofo tiende a levantar la vista y ver el horizonte. Quizá nuestros Ministerios Públicos son verdaderamente eficientes en la recolección de datos, en sacar información valiosa, pero inoperantes en darle sentido a todo ese material.

Las declaraciones son importantes pero en una investigación penal, son elementos secundarios en relación con las pruebas o evidencias. Es la mente inquisitiva y unitaria la que debe dar sentido a todo el cúmulo de palabras y evidencias. No basta sacar un gran técnico en interrogación sino que es necesario entrenar su mente para que interconecte los datos y elabore hipótesis de trabajo.

No creo en la teoría de la gran y malvada conspiración en que todos los seres humanos no somos más que peones de oscuras fuerzas; creo más bien que hay un alarmante nivel de incompetencia en lo que se refiere a analizar, sistematizar y dar sentido a nuestra realidad. Facebook y las redes sociales fragmentan la realidad y nos hacen a todos protagonistas pero no reflexionamos, sólo reaccionamos. Es tiempo de regresar a los filósofos, teóricos y analistas al escenario. Hay millones de protagonistas pero ¿para qué y hacia dónde vamos?