Testimonios
Recientemente presencié una asamblea pública de Alcohólicos Anónimos. Días después un joven me contó el gran cambio que le dio a su vida cuando siguió una recomendación y leyó a Epicteto, un filósofo antiguo. En ambos casos, las personas cambian gracias a un afortunado encuentro con alguien positivo.

Lo habitual hoy es sobrevalorizar Internet y su riqueza de información y acudir a esa fuente en busca de soluciones. Incluso Facebook es ahora sustituto de la vida. No necesito más que meterme al Face para ver, oír y charlar con mis amigos. No necesito salir a la calle ni fatigarme en caminar y tengo la sensación de contar con la amistad de mis cientos de amigos.

Si en algún momento la vida me da problemas reales o padezco una grave enfermedad, entonces ni el Face me ayuda. Con todo esto creo que es tiempo de darle al contacto humano su verdadera dimensión. La palabra pronunciada frente a mí por una persona que me ve a los ojos, usa su intuición y afecto para decirme algo que me pueda servir. Es difícil fingir ante la mirada amistosa de un amigo. Él extiende su mano al tiempo que me sonríe y eso dificulta la falsedad. Los alcohólicos que luchan contra el alcohol requieren de compañía y afecto y se acostumbra contar con una especie de ángel de la guarda al que puedes acudir en caso de crisis.

Los amigos genuinos te buscan, caminan a tu encuentro y se interesan en todo lo que haces y te sucede. Te oyen y suponen que los oyes. De este mutuo acuerdo nacen cosas positivas. Esta es la importancia de las conferencias: oír testimonios interesantes y formativos. Cada amigo pone ante nosotros su vida, nosotros hacemos lo mismo y de este movimiento surge la superación, las visiones nuevas y los propósitos superiores que todos buscamos. Cultive la amistad viva de sus amigos, siempre será grato.