Por Sofía Ponce León Tena

Ha llegado nuevamente esa época del año. Inicia septiembre y por todos lados se ve banderas tricolores, las bandas de guerra no dejan de practicar y los vendedores de confeti están listos para la vendimia. Hay algo que me cautiva del día del Grito y probablemente sea la pasión que mueve las calles y los desfiles. Las personas gritan “¡Viva México!” y luego le dan un sorbo al tequila (o dos, o tres) y se ondea la bandera; es la fiesta nacional más grande a la que podemos estar invitados.

Pero desde hace un par de años, me he cuestionado si somos mexicanos siempre o solo el día de la Independencia.
A todos nos encanta decir “Soy de México, donde se hacen los tacos más ricos del mundo y las fiestas no se comparan con las de ningún lado y las playas son hermosas, etc.” Pero cuando se trata del gobierno que se aprovecha, del presidente que nos deja en ridículo o los impuestos que no dejan de subir: “Ah no, son una bola de ladrones, México es el peor país”. Nadie se quiere hacer responsable de los desastres que abundan en la nación; no digo que tengamos que buscar un culpable entre nosotros, pero ¿Acaso se arreglan las cosas si nos marchamos o apuntamos con el dedo a los que nos rodean?

Creo que el pueblo mexicano nunca había sido tan consciente. Las cosas nunca se habían visto tan transparentes, al alcance de un clic y aplaudo enormemente por eso. Significa que de a poquito estamos saliendo de la ignorancia, aprendiendo de los errores del pasado para pisar mejor en el futuro. Así que por favor, seas de la generación que seas, preocúpate por tu país. Estas son tus raíces, estúdialas (¡La historia no es aburrida en absoluto!), difúndelas y enorgullécete de ellas. Podrás irte o girar la cabeza, pero allá a donde vayas te perseguirá. Uno sigue amando la comida con este sazón, sigue siendo energético y simpático, servicial y flojo por excelencia. Uno sigue siendo mexicano.

La recomendación de la semana es un bufete del cine mexicano en la época de oro: Pedro Infante, Dolores del Río, Jorge Negrete, la película que quieras. Pero sí te pido algo: cuando sea la noche del quince de septiembre y lo celebres (de cualquier manera que tú lo celebres) recuerda por qué lo estás haciendo y por qué es importante que se mantenga esa tradición. Nos vemos en la próxima.