Por Sofía Ponce de León Tena

Nunca voy a olvidar el primer día en que me subí al transporte público. No sentí miedo pero sí desconfianza. Me senté junto a la ventana y en poco tiempo el camión se llenó; todos eran desconocidos pero se dirigían al mismo destino. De repente se sube una señora de cabello alborotado, con un bastón que le ayudaba a sostenerse y con la otra mano extendida, comenzó a decir un sinfín de razones para que le diéramos limosna. Sin embargo, ni siquiera la miraron; todos continuaron ensimismados en su mundo sin hacer caso a la pobre mujer.

Este es un claro ejemplo de un término que me enseñaron en sociología, llamado “desatención cortés”. No se trata de no prestar atención a la persona, sino que somos conscientes de que están ahí pero evitamos cualquier tipo de contacto físico o visual. Lo hacemos todos los días, incluso de manera inconsciente, en cualquier lugar al que vamos: la escuela, el trabajo, el gimnasio. Incluso con aquellos que ya conocemos pero no queremos saludar o que nos vean. Solía verlo como algo natural, pero mientras más lo pienso, más me doy cuenta de que no está del todo bien y que cada día esta “desatención cortés” se hace más presente en nuestra interacción con los demás.

¿A qué quiero llegar? Es fácil, si evitamos a los demás solo nos estamos aislando. Ya sea por vergüenza, por timidez o por desconfianza solo se van quebrantando relaciones. No estoy hablando del caso de la mujer pobre, que también es importante, pero sí hablo de todas las veces que ignoramos a las personas a causa de, por ejemplo, el celular. A donde quiera que vayamos, siempre hay una excusa para utilizar este aparato que más que conectarnos, nos aísla. Da tristeza, en verdad, querer hablar con una persona y que no te preste atención por estar respondiendo los mensajes de WhatsApp. Ahora resulta que para decirle algo lo ideal es por una pantalla y no cara a cara.

Espero que con este pequeño sermón seas más consciente de los que te rodean y te propongas romper las barreras. Decir hola, dar una sonrisa o incluso un abrazo pueden alegrarle el día a alguien. La recomendación de la semana es una de mis favoritas de la infancia, “Pequeñas Grandes Amigas” con Brittany Murphy (todavía viva) y Dakota Fanning (todavía niña) ya que demuestra cómo pueden surgir grandes amistades en los lugares que uno menos esperaría. Nos vemos en la próxima.