Mi semana empezó con la pregunta “¿Qué harías si tuvieras un millón de dólares?”, y dado que va perfecto con el tema de la semana, decidí abrir esta columna con la misma cuestión pero ahora yo te pregunto: ¿Qué harías con ellos? Si te los doy en este momento y no te pido nada, ni las gracias, ¿Qué harías? (Ahora tómate un par de minutos para contestar antes de seguir leyendo y no hagas trampa, por favor).

Fui a un congreso de innovación y emprendimiento la semana pasada. Ahí conocí a personas tan exitosas como Pedro Kumamoto, tan divertidas como Chumel Torres, tan bondadosas como Tito Quiroz y tan genios como Jordi Muñoz o Daniel Gómez Iñiguez. Cada uno me plantea su caso y al instante tengo emociones cruzadas: admiración, celos, asombro y motivación. Por un instante pensé que ellos por triunfar ya la tenían hecha. Que a ellos por ser ricos, ya no les falta nada. No es sorpresa que estaba equivocada.

Ahora es cuando retomo la pregunta del millón que escribí al principio y me doy cuenta de que es un error suponer que más es mejor, porque el tema de la riqueza siempre va a resultar engañoso: queremos todo lo que no tenemos, porque nuestras posesiones (materiales o no) nunca son suficientes. Y tú probablemente ya sabías esto pero a veces se te olvida, como a mí. Así que pasan los días y continuamos lamentándonos por esto y aquello, quejándonos de detalles que no importan, olvidando la esencia y sin encontrar un equilibrio; porque por una parte no está mal aspirar a algo mejor, pero por otra no hay que frustrarnos con lo insignificante.

La película que quiero recomendar esta semana es la del Lobo de Wall Street porque me encanta y el pobre Leonardo DiCaprio merece reconocimiento por el magnífico papel que interpreta en ella; viene ideal con el tema de querer más de lo que ya tienes y aunque no todos somos agentes de bolsa en Nueva York, su caso puede dejarnos una reflexión interesante. Nos vemos en la próxima.