El tiempo ya no se recupera pero si continuamos pensando en que no lo vamos a recuperar, ¡Vamos a seguir perdiéndolo!

Esta semana retomé una de mis actividades favoritas de la universidad ya que por cuestión de trabajos y proyectos no había podido continuar. Es un taller de apreciación cinematográfica que me relaja la mente y el cuerpo durante dos horas (la primera porque me concentro en la filmación, la segunda porque nos sentamos en sillones parecidos a los del cine). Sin embargo, esta vez llegué a mi casa con cierto sabor a nostalgia, cosa que no me había pasado antes.

Sí, nostalgia. Me puse a recordar cómo era al principio (cuando me incluí al grupo en primer semestre) y lo comparé con ahora, que hago cosas diferentes; de un segundo a otro mi mente comenzó a acelerarse y pensar en los semestres que me faltan para salir de la universidad y entré en pánico porque (esto siempre lo he dicho) a mí no me abruma el pasado, pero sí me aterra el futuro. También me acordé de cuando mis papás y en general todos los adultos dicen “Cómo vuela el tiempo” y no sabes exactamente a qué se refieren. No es hasta un día que ya creciste y ves a los niños pequeños jugando con tierra, comiendo dulces y riéndose de tonterías y te das cuentas de que tú ya no puedes hacer eso, son cosas que no se repiten.

Vengo diciendo desde mis diecisiete años que no quiero crecer, me pregunto si tú que me lees te has sentido igual en algún punto de tu vida. Ser joven es lo mejor que ha pasado y probablemente sueno como aquella maestra Lola de la primaria que era cursi y usaba huaraches con calcetines (además de que todos sabían que había votado por AMLO). Pero también sé otra cosa: no podemos pasarnos el resto de la vida quejándonos porque ya no somos jóvenes. Sí, el tiempo ya no se recupera pero si continuamos pensando en que no lo vamos a recuperar, ¡Vamos a seguir perdiéndolo! (Un círculo vicioso en forma de trabalenguas).

Entonces, pues, así tengas ocho o treinta y cuarto o veintidós años, no te apresures, no te quejes. Disfruta el hoy y el ahora, ningún día es del todo malo. La recomendación de la semana es una favorita mía y de mi mamá también: Si Tuviera Treinta. Divertida y con un gran mensaje, Jennifer Garner nos engancha con esta comedia romántica del 2004. Nos vemos en la próxima.