Ya es diciembre! El mes favorito de muchos porque está lleno de colores, canciones y rica comida. Para mí siempre ha tenido un sabor agridulce, porque es cuando se hace un recuento de los daños en el año, cuando te despides para empezar otra vez. Borrón y cuenta nueva. Aunque yo soy de la idea de que todos los días es un nuevo comienzo (y no hay excusas), no voy a negar que el año nuevo representa un renacer para muchos, lo cual no nos viene mal.

A lo largo de mis últimas columnas del año, hay un par de temas muy importantes que me gustaría tratar. Especialmente porque no quiero que olvidemos una cosa: diciembre es el final, pero aún es tiempo. Aún hay tiempo de hacer cosas que se fueron posponiendo en el año, aún hay tiempo de remediar algunos errores o por lo menos no repetirlos más.

Es innegable que antes de la tan esperada Navidad se nos presenten cenas, posadas y fiestas (el motivo es irrelevante, lo que importa es celebrar) ya sea en el trabajo, con los amigos o con la familia. Bien es sabido que los amigos son la familia que uno elige y solemos ponerlos a veces en primer lugar, pero ¿Saben qué? Nunca sustituirán el lazo familiar. Porque puedes elegir llevarte bien o mal, pero al final de todo, tu familia será la única que permanezca contigo.

Desde que era pequeña he visto a parientes que asisten a las mismas fiestas decembrinas y no se dirigen la palabra, ni siquiera el esfuerzo de un abrazo o un saludo y esto me parte el corazón cada vez que lo presencio. Entiendo que siempre existirán conflictos, yo no me niego a que haya, admito que a veces ayudan a entender mejor las diferencias y aprender a convivir con ellas. El problema está cuando las cosas se quedan así, en el “Si él/ella no me busca, es que no le importa y entonces a mí tampoco”. Lo peor del asunto es que mientras más pasa el tiempo, la brecha se vuelve más ancha y cada vez es más difícil llegar a una reconciliación.

Así que este diciembre del 2015 te voy a pedir algo, a ti que estás leyendo esto: ama a tu familia, a toda tu familia. Resuelvan los problemas, pidan perdón y perdonen, abrácense con alegría, no hipocresía. En especial si niños pequeños ya se dieron cuenta de los conflictos que se anidan, porque créanlo o no, les afecta. Y les dan un mal ejemplo, les dicen que es normal ser indiferentes unos con otros en una de las fechas más bonitas del año.

Me gusta recomendarles películas que ayudan a empatizar mejor con el tema, pero cuando no lo hago, es porque te voy a recomendar algo mejor: un consejo. El de esta semana es pensar en las fiestas que se avecinan, ¿Cómo las quieres pasar? Y si está en tus manos hacer un cambio positivo, ¿Qué estás esperando? Sin excusas. Nos vemos en la próxima.