La edad y la madurez no te alejan de la diversión, de la alegría y el espíritu. Todo depende de tu actitud y punto.

Sé que esta es la tercera vez que les hablo de la Navidad en este mes pero tengo el objetivo bien claro: que no pase desapercibida como “una Navidad más”. Por eso les insisto tanto en que la valoren, la compartan y la disfruten. A ti que me lees: no sé cuántos años tienes, pero estoy segura que en algún punto de tu vida te has desconectado de las festividades decembrinas y no está bien. Ni siquiera yo tengo veinte todavía y ya lo experimenté, por eso estoy segura de que no quiero que se repita. En especial cuando la vida es tan corta y los que hoy están podrían no estar el próximo año.

Las posadas a las que fui esta semana permanecieron igual a las anteriores, pero mi actitud fue la que cambió. Por primera vez en mucho tiempo, estuve entusiasmada de cantar los villancicos, de ganarme los dulces de la piñata y disfrutar la cena en compañía de todos. Las últimas veces que había ido a una posada, realmente no la disfrutaba porque estaba presente en cuerpo pero ausente en mente. No sé qué me volvió tan apática en ese entonces pero este año volví a sentirme alegre y parte de la fiesta.

Hace poco leí en un sitio web que la Navidad no es lo mismo cuando creces y dejas de ser niño (lo mismo con el Día de Reyes y el Día del Niño) y me dejó pensando un rato. Después fue que reaccioné: ¡NO ES CIERTO! La edad y la madurez no te alejan de la diversión, de la alegría y el espíritu. Todo depende de tu actitud y punto. Por experiencia propia les digo, que puedes tener diez años y estar rodeado de primos de tu edad pero aun así, no te la pasas bien. También puedes tener dieciocho con la única compañía de un karaoke y tener la noche más divertida de todas.

Así que hoy recuerda: Esta noche puede ser genial e inolvidable, está en tus manos y solo en las tuyas. Tampoco te digo que tienes que ser una persona optimista y enfadosa (Como los que dicen que aman su trabajo pero afirman que los lunes son el peor día de la semana); solo sonríe y deja ir lo malo. Recibe todos los abrazos que puedas (trece es la cifra recomendada) y brinda por lo bueno y lo malo. Nos leemos en la próxima –y última vez- de este año.

Por Sofía Ponce de León Tena