De todos los primeros días de año que recuerdo hasta ahora, el que acaba de pasar me marcó por completo. Digo, me propuse aprender algo diferente cada día del 2016 y no pude empezarlo mejor, en serio, y se los quiero compartir hoy.

Fui al cine con mi tocaya Sofía, que tiene ocho años. Ella eligió la película y no puse ningún pero porque 1) No la iba a obligar a entrar a otra cosa y 2) Tenía mucho, demasiado tiempo sin pasar el rato con alguien que fuera por lo menos diez años menor que yo. Cuando apagaron las luces y empezó uno de los clásicos comerciales de Cinépolis sobre la importancia de donar en dulcería para que una persona recupere la vista, me tocó el hombro y susurró “¿Sabes que tú eres rica?”. Su pregunta me desconcertó un poco, así que continuó diciendo “Sí, eres rica porque puedes ver, oler, oír, sentir, hablar, caminar. No hay nada que te lo impida y te hace muy rica, más rica que otras personas”.

Honestamente, que una niña tan pequeña te diga eso te deja pensando un buen rato. Es tan joven, le falta tanto por vivir y aun así, su visión del mundo es pura y sabia. Me dio una lección que no quiero olvidar nunca. Me sentí torpe en cierto punto por no tenerlo en cuenta más seguido, lo de la riqueza que ya poseo pero que ignoro. Nos quejamos de tantas cosas y a veces nuestros propósitos de año nuevo son tan absurdos que en lugar de acercarnos, nos alejan de lo que todos estamos buscando: ser felices.

Es cierto que siempre se desea lo que no se puede tener, pero ¿Acaso está tan mal vivir con lo que ya se tiene? Es algo a considerar la próxima vez que nos enfurezcamos por no tener el nuevo iPhone 6s, porque no hemos salido de vacaciones tan seguido o no recibimos el regalo que queríamos en el intercambio.

Esta semana te recomiendo ver una película animada (De Disney, Pixar, Dream Works, lo que quieras) con un niño o niña. Te aseguro que vas a divertirte y no solo eso: te va a enseñar a ver el mundo de otra manera. Nos leemos en la próxima.