Por Sofía Ponce de León Tena

Tuve la oportunidad de empezar el año con unas vacaciones familiares. Soy la clase de persona que dice que ninguna experiencia es igual, no importa que trates de ajustar las variables para que todo coincida otra vez. Esta vez lo digo en serio: fue un viaje que me cambió la perspectiva y el rumbo que tengo planeado para el 2016.

Me llevé una libreta (mi más fiel acompañante), una pluma y audífonos y me senté a observar, todos los días, y anotar lo que veía y lo que se escondía también. Me inspira ver cómo se comportan los demás, cómo reaccionan, etc, porque cada quien tiene una historia y puedes aprender de ella (Por cierto, a esto se le llama Sonder y no tiene una traducción apropiada, pero lo pueden encontrar en el diccionario urbano). Hoy les voy a hablar de mi primo Anuar, a quien tuve la fortuna de volver a ver y no puedo quedarme sin compartirles eso.

Nació con una enfermedad en los músculos que poco a poco lo ha ido debilitando. Teníamos diez años sin vernos y me impactó bastante este reencuentro, porque cuando se fue con su familia en busca de mejores oportunidades, a pesar de todos los sacrificios que conllevara, mantuve la imagen de un niño de once años que jugaba, cantaba y hacía reír a todos. Durante esta larga espera, creí que a causa de su condición, su personalidad se vería afectada, volviéndolo negativo o necio o apático, pero nada de esto ocurrió. De hecho, es una de las personas más alivianadas que conozco pero al mismo tiempo, más centradas sobre lo que quieren.

Así que no les estoy contando esto porque quiero que sientan lástima o pena. Anuar no es la clase de persona que te transmite eso, sino todo lo contrario: sigue siendo mi primo de once años que cantaba la canción de La Manzanita, que tenía una gran imaginación y sabía qué decir para que dejaras de estar triste. Les estoy contando esto porque, entre una de las cosas que me enseñó Anuar, es que todos sufrimos batallas. Algunas son más tangibles que otras pero eso no debe impedirnos soñar o hacer planes a futuro. Digo, la tiene difícil pero él está yendo a la universidad y escribiendo un libro; hasta el momento nada lo ha detenido para luchar por lo que quiere. Y ahora yo te pregunto, ¿Qué te está deteniendo? ¿Es una batalla real o solo una excusa?

Te invito a leer sobre esto y otros temas más en mi blog: www.sofindie.com ¡Nos leemos en la próxima!