Enero dijo adiós más pronto de lo que esperaba pero en su ausencia está febrero, el mes más corto y cursi de todos. Muchas personas dicen que les da igual y prefieren hacer caso omiso del día de San Valentín, pero yo creo que en el fondo o lo amas o lo odias. Ya sea porque tienes a alguien con quién pasarlo o tus experiencias anteriores no han sido muy gratas.

En primaria era padrísimo porque tenías la excusa perfecta para escribirle una carta o regalarle un detalle a la persona que te gustaba. Además, gastabas el dinero que te daba tu mamá para comprarle algo a todos tus amigos. Yo fui de las que estaban desde una semana antes decorando tarjetas y probando distintas manualidades hasta que me gustaba una y la reproducía por diez. Si hubiera hecho un negocio de ello, probablemente me habría comprado suficientes flores para auto regalarme cada año el catorce de febrero.

Luego fue la secundaria y todos se juraban súper románticos pero lo poco que sabían del amor era basado en las series y películas que les dejaban ver a esa edad. Las niñas amábamos que nos dieran chocolates, así fuera el niño con mucho acné al cual nunca le aceptaríamos una salida formal. Los niños en cambio, se esmeraban por demostrar que les gustaba una niña, así tuvieran que gastar todos los ahorros que tenían guardados para comprar un nuevo videojuego.

En prepa las cosas dieron un giro: sí, seguían regalando ramos de flores y dedicando canciones, pero a los pocos días la relación terminaba. Nuestras mentes eran aceleradas y exagerábamos de todo: que si abrazó a tal niña, que si no me llamó a la hora que dijo, etc. En prepa se cometían muchas tonterías por amor que al final no se terminaban valorando, y al año siguiente decidías que con un mensaje por Facebook bastaría o pasarle el link de una canción en Youtube ya era dedicársela. Al menos, así no te exponías a ser humillado públicamente ante el rechazo.

Y ahora, en universidad, las cosas cambian de nuevo. Las mujeres ya no se ponen tristes si no les regalan nada, pues pasan el día con sus amigas. Los hombres, si están solteros, no le dan importancia al 14 de febrero, pues al fin y al cabo solo sucede una vez al año. Pero de cualquier manera: el amor está en todas partes. En tu familia, con tu mascota, con la señora que te atiende bien cuando le vas a comprar el kilo de tortillas o el amigo que te pasa las respuestas del examen. A veces no lo notamos, eso sí, pero te pido una cosa (independientemente de la fecha): no te olvides de demostrarlo. Nos leemos en la próxima.

Por Sofía Ponce de León Tena