Hay un dicho que va: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, pero generalmente no le prestamos mucha atención. Si hoy es martes, vamos al cine el miércoles. Si hoy tenía una tarea que entregar, mañana temprano la hago. Si hoy me iba a disculpar con alguien, mejor lo hago al día siguiente ya que se le haya pasado el enojo. Veinticuatro horas no parecen hacer mucha diferencia pero basta un segundo para que el mundo que conoces cambie por completo. Eso lo comprobé hace un par de días.

La historia que les voy a contar a continuación es real: En los diez minutos que nos dan entre clase y clase en la escuela, siempre salgo con mis amigas al baño o a comprar agua o a tomar el sol. Se ha vuelto una rutina que ya no me cuestiono e incluso sé a qué personas me voy a encontrar afuera. Pues bien, todos los días desde hace un semestre hay un chico que veía recargado en el poste de luz y que se la pasaba fumando o tomando Redbull. Todos los días. ¿Se imaginan eso? ¿Qué tan mal debes estar para depender de una bebida energética a las nueve de la mañana de lunes a viernes?

Con todo, me sentía mal por él. Lo veía y no dejaba de cuestionarme si acaso tenía cáncer y ya no le importaba la vida y por eso había caído en tan malos hábitos. Pero, claro está, no pensaba llegar y regañarlo como si fuera su mamá, ¡Ni siquiera lo conocía! El caso es que hace menos de una semana tuvo un accidente en coche que lo dejó en coma. Toda la universidad ofreció oraciones y mi muro de Facebook está repleto de cadenas de apoyo al chico porque no saben si sobrevivirá. Si lo hace, quizá me acerque a decirle que por favor se cuide más, pero si no lo hace, nunca sabrá de esta columna ni que había una completa desconocida que se preocupaba por él.

Esta experiencia realmente me hizo pensar en todas las cosas que pospongo todos los días sin saber que quizá después no las pueda hacer. Es un poco loco pensar que quizá en una hora cruzo la calle y me lleva el autobús, o que un terremoto destruya mi escuela en cuestión de segundos. Seguro, me estoy yendo a extremos, pero ¿Acaso no es posible, aunque sea poquito? Así que espero que cuando termines de leer esta columna, apliques el Carpe Diem en su máxima potencia y hagas hoy lo que debes hacer hoy. Nos leemos en la próxima o puedes checar más de lo que escribo en mi blog (www.sofindie.com).

Por Sofía Ponce de León Tena