El mundo está repleto de apariencias, de plátanos con manchas negras.

De pequeños leíamos cuentos de Caperucita roja y el lobo feroz o Cenicienta y su madrastra. Fuimos creciendo y veíamos caricaturas como las chicas súper poderosas que se enfrentaban a Mojojojo o los niños de recreo que sufrían con el chismoso de Randall. Estoy hablando de caricaturas de mi generación pero aplica para cualquiera, en realidad. A lo que quiero llegar es que, solía ser muy fácil identificar quién era el malo y quién era el bueno. El bueno sonreía, trataba bien a todos y el malo escondía cosas, estaba solo, nadie le creía. ¿Se han puesto a pensar que en la vida real no es tan fácil saber quién es quién? El bueno y el malo están disfrazados; el bueno puede ser al que nadie quiere, el malo puede ser el sonriente que ayuda pero solo busca su beneficio.

He estado pensando mucho en esto los últimos días desde que me enteré de los Papeles de Panamá. Estos Papeles son más de 11 millones de documentos conectados con la firma legal panameña Mossack Fonseca que demuestran que líderes políticos, deportistas, artistas, entre otros utilizaron compañías offshore y cuentas secretas para ocultar millones de dólares. Estas acusaciones involucran a Putin, a la FIFA, al primer ministro de Islandia (que acaba de renunciar por este suceso) y en México el empresario Armando Hinojosa Cantú y el narcotraficante Caro Quintero.

Seguro esto que acabo de decir suena aburrido o tedioso para muchos, pero esto significa que mientras los más ricos no pagan tantos impuestos, los ciudadanos comunes cargan con el mantenimiento del país. ¿Ahora ven a lo que me refiero? Esos líderes e influyentes mundiales que sonríen a todos, resultaron no ser tan buenos como creíamos. Es fácil decir que “él es bueno” y “él es malo”: lo difícil es saber si estamos en lo correcto.

El mundo está repleto de apariencias. De plátanos con manchas negras que cuando los abres, no están tan maduros como se veían por fuera. O de libros que te roban el aliento con sus portadas pero que cuando los lees no resultan ser tan buenos como prometían. Siempre ha sido así y siempre lo será, no podemos estar seguros de lo que nos tocará hasta que lo conozcamos realmente. No quiero dejarte con un amargo sabor de boca tipo “No confíes en nadie”, solamente que pienses dos veces antes de confiar. Nos leemos en la próxima y te invito a checar más del contenido que escribo en mi blog (www.sofindie.com).