Por Sofía Ponce de León Tena

Hace poquito más de un año hice uno de los cambios más grandes a mi corta edad: me volví vegana. Para los que no tienen claro qué significa esa palabra, quiere decir que llevo un estilo de vida donde no consumo ningún producto de origen animal (y por consumir me refiero a que no lo como ni lo uso y procuro no comprar cosas que hayan sido probadas en animales). Lo difícil, créanme, no ha sido buscar alimentos para sustituir en tan rigurosa dieta; ha sido tener que enfrentarme a las personas que no lo entienden o no lo quieren entender.
Adopté esta ideología porque fui leyendo libros, artículos científicos, vi documentales y discursos de activistas internacionales que hablan de por qué han decidido adoptar este estilo de vida. Solita, sin que nadie me obligara, caí en cuenta de que era lo mejor para mí, pues mi forma de ver el mundo se había transformado por completo. Primero empecé por dejar de consumir huevos, leche y queso (ya que de por sí, soy intolerante a la lactosa), después carne roja y finalmente la blanca.
Les cuento esto no para que piensen que me siento superior porque pienso y vivo diferente, ya que los que me conocen sabrán que es un tema delicado y personal que no me gusta mucho tocar. Sin embargo, después de ver el gran impacto que ha hecho en mí y en los que me rodean, me armé de valor para hablarlo y no abrirlo a debate, simplemente compartirles mi punto de vista.
Es polémico desde muchas perspectivas porque va en contra de todo lo que nos han enseñado desde chiquitos acerca de cómo tenemos que alimentarnos o cómo debemos vivir en conjunto con las demás especies que habitan nuestro planeta. Es aún más duro afrontarlo porque en la actualidad, a pesar de que el veganismo cada vez hace más eco, es difícil encontrar alimentos naturales a buen precio o establecimientos donde ofrezcan este tipo de comida.
Podría hablarles y hablarles de todos los beneficios que puede brindarles en su vida el convertirse en veganos, pero no me cabría en una simple columna. En cambio se los dejo de tarea: busquen en Google el documental “Cowspiracy”, vayan a la librería y compren “El Estudio de China”, consulten a un nutriólogo capacitado que les resuelva todas sus dudas. Absorban toda la información que puedan, por favor, pues no puedo describirles con palabras lo importante que se ha vuelto en mi vida el adjetivo “vegana”. Dará beneficios a su salud, a los animales y al medio ambiente. Pueden también leer más información sobre este tema en mi blog (www.sofindie.com) y nos leemos en la próxima.