Por Sofía Ponce de León Tena

Sentada con mi agua de lulu por un lado y un cuento edición limitada de José Saramago por el otro les escribo. Desde el eje cafetero, en la zona de Colombia donde no hay estaciones y si la madre naturaleza quiere que llueva, llueve. Si se le antoja, sale el sol y si no, se mete y una ventisca de frío recorre toda la ciudad de Pereira, donde estoy de intercambio durante las próximas semanas para hacer un voluntariado social.

Por un largo tiempo me he dedicado a escribir y disfrutar del sentido que le puedo dar a mis letras. Provocarle algo a aquel que las lee y aunque sin duda esta es mi vocación, mi pasión más grande es viajar. Viajar con la intención de conocer otras culturas, unas que comparten costumbres con México pero que jamás serán iguales.

Lo bonito de visitar lugares es la gente. Las personas con las que compartes esas experiencias pueden darle un giro total, para bien o para mal. He tenido la fortuna de toparme con gente bien cálida, que ven a mi hermoso país con admiración y respeto, quizás más del que muchos mexicanos han llegado a tener en su vida.

El otro día un taxista me llevó al centro y en el trayecto fue contándome de los distintos acentos que tienen los colombianos, la comida típica, los días festivos, la plaza donde están los mejores espectáculos, las figuras nacionales, la historia, bueno, me contó de todos los temas que una persona culta domina. Lo decía con gran dicha, como si cuando nació le hubieran dado a escoger su nacionalidad y él eligió Colombia.

Luego voltea y me pregunta por México y hubo un silencio medio incómodo que quizás le fue minúsculo por andar mirando los semáforos pero yo sí noté. Le hablo de la comida, omito la política, le doy detalle de lo que hay en Guanajuato y trato de centrarle atención a otros estados también, pero sé tan poquito de ellos, que mejor me quedo callada por vergüenza de andar inventando cosas. Cuando me bajo del coche, caigo en la cuenta de que uno no puede salir del país queriendo conocer lo que hay afuera si primero no conoce lo que tiene dentro. Para que un día si le toca ser taxista o traductor o guía de alguien, haga que se enamore de México como si fuera un nacido de aquí. Nos leemos en la próxima y pueden leer más sobre mi experiencia en Colombia en mi blog (sofindie.com)