Desde más joven había escuchado pláticas de líderes sociales que, al revelar su éxito en proyectos, aseguraban atribuirlo a las personas que los rodeaban, porque ellos solo estaban representando a un grupo entero que se dedicaba a crear cambios que uno solo no podría hacer. Me ha costado trabajo creerme estas palabras porque a pesar de que me gusta trabajar en equipo, me considero muy individualista. O al menos así era hasta hace unas pocas semanas.

Estaba en el tercer piso de la Biblioteca Lucy Tejada el día que conocí a Julián Chica. Julián es un escritor nacido en Caldas, Colombia que al hablar no puedes evitar prestarle atención. Es intelectual, filántropo y con una visión de vida que yo espero tener a su edad. Me recibe a mí, junto con otros amigos, con una gran sonrisa y nos invita a una “cafebrería” que se encuentra a tres cuadras del centro, en una calle muy tranquila que te permite disfrutar de una buena lectura acompañada de un café tinto.

Nos sentamos en círculo y a pesar de que nos rodean unos extranjeros festejando el cumpleaños de no sé quién con cantos y aplausos, eso no nos impide tener una profunda conversación con Julián. Él habla la mayoría del tiempo pero no me molesta porque sé que todo lo que nos está contando son cosas que no sabía siquiera que existían. Por ejemplo que ganó el Premio Nacional de Novela de Pereira en 2011 o que coordinó el proyecto “Ciudades Hermanas” entre Dos Quebradas y Tarimoro.

Aquí fue cuando comprendí lo que les hablaba al principio. Uno puede buscar hacer cosas por sí mismo y está genial, seguro que se pueden lograr. Pero las cosas verdaderamente trascendentes se logran en conjunto y no cualquier conjunto: personas que sean mejores que tú. Que lean más, que hagan cuentas más rápido, que sean más creativos. Líderes como Julián saben que tienes que juntarte con personas que te superen en algún aspecto para que te ayuden a superarte a ti mismo. Los dejo que reflexionen un poquito con esto y nos leemos en la próxima.

Por Sofía Ponce de León Tena