Por Sofía Ponce de León Tena

Pasó el primer mes del año, ese que muchos definen como un lunes muy largo y es bien sabido que la mayoría de la gente odia los lunes. En otras ocasiones tal vez les diría que no es cierto, que deberíamos mirarlo como un obstáculo más en el camino, pero seamos bien sinceros: enero estuvo intenso. Dejemos de lado lo que pasó en el mundo, lo que pasó en Estados Unidos, nos basta con lo que pasó y sigue pasando en México.

Todos los días me encuentro con una noticia sobre política o economía o algo amarillista que me saturan la pantalla de inicio del celular, porque no solo lo vemos publicado en los medios de comunicación, sino también en lo que comparten en sus muros nuestros amigos, los retuits, los videos que se hacen virales, los memes, las soluciones medio huecas que suenan bien padre y ya solo por eso las apoyamos sin buscar el trasfondo.

Creo que lo que no entendemos del poder de Internet es la expansión que tiene porque, miren, buscamos un resultado en Google y aparecen miles, y solo leemos uno o dos. Lo mismo nos pasa cuando se hace viral una noticia, le damos like y se lo enseñamos al resto de nuestros contactos sin pensarle dos veces en qué tan verdad pueda ser. En tiempos de la era de Trump, por ejemplo, todos tenemos algo que decir al respecto, ya sea sobre su cabello, su bronceado, la última tontería que se le ocurrió, las amenazas que hace contra México, etc.

Algo me queda claro y se lo agradezco a Trump: era lo que nos faltaba para querer a México. No recuerdo tiempos tan difíciles en el país (quizás porque era más pequeña, cierto), pero aun así, tampoco recuerdo que México se mostrara tan unido. Intenciones buenas las hay, refuerzos los hay, y afortunadamente, ya no estamos tan ciegos como para creer en los líderes políticos, o en cualquier charlatán que aparece en la tele, pero sí nos hace falta un líder. Y como presiento que este periodo difícil apenas comienza, debemos elegirlo bien. Nos leemos en la próxima para hablar más al respecto.