Por Sofía Ponce de León Tena

Estas vacaciones las asimilo como el respiro chiquito que sales a dar cuando nadas: sabes que no puedes detenerte ahí, pero ocupas recargar las energías. Una o dos semanas, pero les sacamos todo el jugo posible yendo a las playas más abarrotadas de gente (nota mental: en la revista México Desconocido encuentras cientos de destinos diferentes que no son Vallarta, Acapulco o Sayulita), o quedándonos en casa viendo series o aventurándonos de campamento o caminando muchos kilómetros hacia Huandacareo en pleno amanecer.

En mi caso no hay dinero, me cuesta levantarme a las cinco de la mañana y mi suscripción de Netflix ya se venció, así que la opción que quedaba era acampar. Le pregunté a mi mamá cómo fue la primera vez que me llevaron a dormir en el pasto y me dijo que tenía apenas un añito, que lloraba mucho, que comía más, que aquí aprendí a caminar, saltar y dar maromas. Pensé “wow, fue un campamento lleno de aprendizaje”, al menos, comparado con la última vez que acampé.

En esa ya no tenía uno, sino veinte años. Ya no iba con mis papás, sino con diez amigos que, como yo, les hacía falta una escapada en el bosque. Me valí de mi ingenua experiencia para dar un par de consejos en este fin de semana que planeamos con ilusión. Lo primero era comprar agua y comida, porque aunque solo eran un par de días, nadie estaría dispuesto a regresar a la ciudad por jamón para hacer los sándwiches.

Así que llegamos a la finca de mi amigo y mientras unos acomodaban las cosas, otros fuimos a recoger fresas al campo, las cuales nos comimos sin desinfectar. Ese día jugaba México y buscamos una tele como desesperados para ver el partido. Conseguimos una de las que tienen antena y pesan como diez kilos. Nunca me gustó tanto el futbol como ese 18 de junio.

Tardamos mil horas en armar la casita de campaña porque no tenía todas las estacas. Otras mil en prender la fogata y ahí, en la desesperación de sentirme inútil, extrañé a mi familia, a mi papá, porque jamás he sabido prender una fogata sola ni hacer del baño atrás de un árbol PARADA aunque bueno, eso ninguna mujer. Nos leemos en la próxima.