Por Sofía Ponce de León Tena

Dicen que los estudiantes foráneos son el sector más pobre de la población, probablemente porque no nos sabemos organizar o muchos de los problemas que se nos presentan, no sabemos bien cómo afrontarlos. Me rehusé a aceptarlo hasta hace una semana, cuando sufrí de pobreza de verdad. Ya no sabía si alguien me había embrujado o de plano mi mala suerte no era mía, pero vayamos por partes.

Ser pobre, según Google, es cuando tienes al menos una carencia social (dígase en los seis indicadores de rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación) y su ingreso es insuficiente para adquirir los bienes y servicios que requiere para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias. Así que no, los que comemos maruchan y atún y quesadillas todos los días no somos pobres, somos flojos.

Y esta semana, les repito, fui pobre de verdad. Sufrí de no tener gas, luego no tener agua y luego casi no tener Internet; espero que no se me espante mi abuela cuando lea esto, de verdad que fue temporal. Y de verdad que no fue tanto por no pagar la renta a tiempo, sino que mis vecinos estaban igual –respecto al agua- y lo único que nos quedaba era esperar. Qué feo, sí, pero más feo fue cuando caí en cuenta de que esto no es una pesadilla sino una realidad ya no digamos en México y en el mundo, sino en Guanajuato.

Hace tiempo vi un comercial donde un chavo le cambiaba agua sucia por agua purificada a un niño de África para que la tomara, y él ni siquiera notaba la diferencia. Ese día aprendí a no fiarme de cuando dicen que el agua de la llave es pura pero más importante: el agua hoy en día es más un privilegio que un servicio básico. Y sin ahondar mucho en el tema ni atiborrarlos son datos y estadísticas al respecto (porque seguro me llevo toda la plana en ello), pero para que se queden con algo y ya queda en cada quien si desea investigar: Nunca olviden que siempre hay alguien pasándola peor que nosotros. Nos leemos en la próxima.