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FILOSOFIANDO

Mi primo Anuar tiene veintiún años, estudia periodismo, está escribiendo un libro y el recuerdo más vívido que tengo de nuestra infancia juntos es del día que lo grabaron a los diez años cantando La Manzanita de los Tigres del Norte; es una joya. Elijo ver en él todas estas cosas antes de recaer en que sufre del síndrome de Duchenne, lo cual, lo hace una persona “discapacitada”.

El síndrome de Duchenne es una forma de distrofia muscular que empeora rápidamente y cuya tasa de mortalidad son los dieciocho años aproximadamente. Se lo diagnosticaron cuando tenía apenas unos meses de nacido y aunque trataron de que llevara una vida normal, cada vez era más evidente que no podría luchar esta batalla ignorándola. Es por eso que se lo llevaron a EU.

Vino, sin embargo, las vacaciones pasadas a la playa para celebrar su cumpleaños en México. Tenía diez años sin verlo, en esos diez años aumentó como veinte kilos y diez son de la silla de ruedas que lo acompaña a todos lados. Aunque es cierto que no puede comer, bañarse ni vestirse por sí mismo, sí puede mandar snapchats y tomar un shot de tequila vía popote si le acercas el vaso. Es un luchador, un sujeto que va sacándole la lengua a la vida en lugar de lamentarse porque no puede mover el 85% de las partes de su cuerpo.

Estamos acostumbrados a creer que las personas con cualquier tipo de discapacidad se sienten ofendidas por cualquier comentario referente a su enfermedad o por la falta de sensibilidad a la hora de tratar con ellos. Con Anuar yo digo: MENTIRA. Es todo lo contrario. Rompe el mito. No es como que le vale madres ser discapacitado, pero está consciente tanto de lo que no puede hacer como de lo que sí. Y lo aprovecha.

Las personas con discapacidad no son discapacitadas. Solo pasa que tienen o les falta algo que a nosotros no, pero son tan capaces en otras cosas como el resto. No los hagamos menos. No los queramos “proteger”, sí, está padre querer ayudar, pero si algo he aprendido con Anuar, es que ellos también se pueden cuidar y tienen más ganas de vivir que muchas personas “sanas” o “normales”. Nos leemos en la próxima y no se olviden de visitar mi blog (www.sofindie.com).

Por Sofía Ponce de León Tena

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