La verdad es que la ciudad hoy en día ya no es de todos, por desgracia; la sociedad se ha encargado de ir fragmentando la vivencia de la urbe

Por Ing. Javier Hinojosa
Presidente del Iplaneg

“La verdad es que la ciudad hoy en día ya no es de todos, por desgracia; la sociedad se ha encargado de ir fragmentando la vivencia de la urbe. Me refiero a esa cotidianidad perdida y nostálgica que construía ciudades amables, caminables, sociales, democráticas; en fin, aquella ciudad en la que cualquiera quisiera vivir.” Paulo Mendes da Rocha, arquitecto y urbanista brasileño.

¿De quién es la ciudad?
¿De los ricos del pueblo, poseedores de terrenos en la ciudad y que especulan para ver crecer el valor de sus propiedades mientras la ciudad se desparrama y las vidas de miles se desquician obligados a vivir en las afueras?

¿O de los alcaldes y ayuntamientos que deciden el futuro de la ciudad privilegiando sus intereses y los de sus compadres, al margen de lo que es bueno para todos?

¿O de los planeadores y directores de obra que trabajan para la minoría de conductores de autos que nos paseamos molestos por todo aquello que nos detenga: semáforos, peatones, autobuses o ciclistas, ignorantes de lo que es una ciudad amable, caminable, social, democrática y humana.

Funcionarios que siguen asfaltando o encementando la ciudad a diestra y siniestra dividiéndola y fragmentándola en favor de la movilidad elitista e insostenible del transporte en automóvil?

¿O de los desarrolladores de vivienda que siguen construyendo urbanizaciones cerradas para los ricos y lejanas y aisladas para los pobres, todas sin servicios y equipamiento, distantes del corazón de la ciudad donde late la vida en común y el gozo de compartir las raíces, la cultura y la diversidad para vivir con el gusto y la familiaridad con que habitamos nuestro hogar?

Llevamos años predicando en el desierto, ríos de tinta perdidos en los diarios, pláticas, presentaciones, foros, simposios, cursos y talleres que chocan con la aridez, dureza e ineptitud de las mentes de nuestros alcaldes y autoridades, para quienes una ciudad humana sigue siendo un concepto lejano, quijotesco, utópico e improbable de soñadores ingenuos y molestos que no entendemos los “refinamientos” de la política y las razones por las cuales los dineros tienen que llegar a parar en obras y proyectos absurdos o diluirse escandalosamente en sus bolsillos, salvo las muy honrosas excepciones -que deberían ser la regla- y siguen construyendo con los mismos patrones y paradigmas que ya son obsoletos.

Como ciudadanos debemos crear, -junto con los institutos o departamentos de planeación de nuestros municipios- una visión de lo que debiera ser nuestra ciudad: cercana, caminable, bicicleteable, densificada, mixta, abierta, social, pública, democrática, bella e incluso divertida.

Una visión muy diferente a lo que vivimos y se construye actualmente, una visión que debiéramos compartir como un sueño colectivo y por la cual luchar a través de organizaciones e instancias a nuestro alcance para que, de la mano de las autoridades, la vayamos construyendo día a día y hagamos valer lo que propone Paulo Mendes en el título de su más reciente libro: La Ciudad es de Todos.