El Face y yo somos mancuerna, ja, ja, ja. Mis hijas me dicen, en tono de broma, que el Face ha llenado mis horas y que ya no saben qué hacer para que mire a otro lado que no sea mi computadora.

Lo que sucede es que tengo mucha familia en diferentes países del mundo y había perdido todo contacto con ellos. Cantidad de primos que no sabía cuántos sobrinos me habían dado y a estas alturas los sobrinos nietos, al descubrir a una tía tan cercana que vive en México, me escriben y así fortalecemos los lazos de familia lo que la distancia no permitía antes. La tecnología, en este campo de la comunicación se ha desarrollado tanto que mediante video-conferencias he tenido la oportunidad de escuchar su voz y al mismo tiempo contemplar su imagen.

Amigos de mi infancia han regresado a mi vida con el cariño intacto de aquellos días en que la amistad florecía como en una eterna primavera. Tíos, hermanos y primos de mi madre a quienes recordaba con una piel tersa y figura atlética, ahora es como volverlos a conocer. Tienen los mismos rasgos, la misma bondad, la misma tranquilidad, las frases sabias y el cariño sigue intacto… me estremecen el alma.

El Face me ha permitido, sin mover los pies de mi recámara, asistir a bodas, bautizos, cumpleaños de toda esta gente tan amada y que tienen profundas raíces en mi vida. La tecnología, bien utilizada, nos permite reencuentro y la distancia se acorta para los corazones y ¡es más! porque aquí localmente y en el territorio mexicano son muchas las amistades que en mi vida, a lo largo de tantísimos años, nos reímos, platicamos y hasta lloramos a través del Face.

A todos ellos gracias por estar conectados no sólo electrónicamente sino también en sintonía con nuestros corazones. El 14 de febrero, al festejar el día del amor y la amistad, no puedo sino sentirme agradecida con el Face.
Los quiere Marita.