Por Ing. Javier Hinojosa
Presidente del Iplaneg

“No hay mal que por bien no venga.” Refrán popular

El escenario:
Esta historia sucede en el transitado crucero que forman el recién inaugurado bulevar del Valle que recorre de oriente a poniente los Pueblos del Rincón, obra de 6 carriles de concreto hidráulico, camellón con bancas, ciclovías y canal de desagüe para las aguas pluviales, y el bulevar Juventino Rosas, arteria vital de la dinámica zona conurbada.

Los congestionamientos:
Este crucero cuenta con un costoso y sofisticado sistema de semáforos de última generación que le da su tiempo tanto a autos como a bicis y peatones, contando de manera regresiva los segundos que le faltan a cada quien para su turno. El mecanismo electrónico de esta tecnología de la era espacial provista de sonido para invidentes, pantallitas con bicis y muñequitos parados o caminando mientras cambian lentamente los numeritos de los segundos, asegura que pasen en un momento dado el menor número posible de vehículos por el crucero y se vayan apilando de manera exponencial en cada uno de los accesos el mayor número de autos y camiones.

El desperfecto:
Quiso nuestra buena suerte que arreciaran las lluvias y que con los aguaceros se multiplicaran los apagones y dañaran los delicados circuitos electrónicos que hacían posible la magia de estos ordenados y perennes congestionamientos que tan útiles han resultado para templar la paciencia, la tolerancia, el estoicismo, la serenidad y el aguante de los conductores rinconenses.

El caos:
Sin semáforos se desata el desorden en la ciudad, ya que otros 5 cruceros se ven afectados por la misma causa y a duras penas se movilizan los pocos agentes y policías disponibles; el crucero que nos ocupa es quizás el más crítico y es tomado con determinación por un par de policías armados con silbatos y buena voluntad quienes en poco tiempo se dan cuenta de lo abrumador y poco sostenible de la encomienda.

La solución desesperada:
Me gustaría conocerlo para abrazar al autor intelectual, sin embargo aún ignoro quién tomó la iniciativa de poner en el centro del crucero 5 conos intercalados entre 5 destartalados trafitambos (nombre oficial de los populares barriles anaranjados que abundan en las vialidades en construcción), formando algo vagamente parecido a un círculo, adornados con un par de cartulinas a cada lado, pintadas a plumón con tres flechas en forma de círculo coronadas con un letrero donde se lee “GLORIETA” (para aclararle a los muchos que aún no entendían la jugada). Los policías se quedaron unas horas tratando de explicar a los conductores a señas, girando como bailarinas, que se trataba de imaginar que ahí había una glorieta a la que había que darle la vuelta.
Yo creo que se cansaron y mejor se hicieron a un lado, fue entonces cuando la gente entendió el juego y comenzó a recordar de manera natural lo que había hecho mil veces en la legendaria pero difunta glorieta del tejedor y he ahí que, como por arte de encantamiento, el tráfico comenzó a fluir, las filas y demoras desaparecieron, los conductores empezaron a sonreír, la dura vida en el automóvil se hizo más llevadera, el sol comenzó a brillar y en el corazón de los rinconenses comenzó a aletear una nueva y vivificadora esperanza al ver que las autoridades finalmente comenzaban a utilizar la creatividad y el sentido común para resolver los problemas que aquejan a la ciudadanía.

Las lecciones:
Muchas enseñanzas se desprenden de esta insólita circunstancia; la primera es que demuestra una agilidad e iniciativa poco común en nuestras autoridades; la segunda es que, en un momento de crisis, se vale improvisar y romper los tabúes a fin de dar solución inmediata a los problemas; que hay soluciones sencillas y baratas que si no funcionan es posible regresar, sin costo ni consecuencias, a la situación anterior. Quiero imaginar que si se atendieran con igual determinación y creatividad algunas de las crisis en las que estamos entrampados -como lo la educativa- por la que pasan nuestros adolescentes y jóvenes, la del transporte colectivo -por la que pasan los muchos ciudadanos de escasos recursos- o la de la inseguridad -por la que pasamos todos- , otro gallo nos estaría cantando.

Otra gran lección es ver que este tipo de soluciones urbanas promueven una forma de cultura de participación y democracia en la ciudad y que el ciudadano común aprecia las decisiones atinadas y tiene iniciativa y madurez suficiente para negociar con civilidad y sin supervisión su turno y espacio en una rotonda y en la ciudad.

La historia por escribirse:
¿Qué va a suceder ahora que reparen las tarjetas de los semáforos y vuelvan a funcionar? ¿Aceptaremos mansamente regresar al suplicio de mirar los numeritos que se mueven de manera regresiva en lo que parece una eternidad después de una semana de disfrutar las mieles de la eficacia y la fluidez del tráfico?, o ¿Levantaremos con firmeza nuestra voz ciudadana con frases como: ¡Rotonda Sí, Semáforos No!?

En lo personal, yo que paso por este crucero cuatro veces al día, estoy dispuesto a mover lo que esté a mi alcance para que, de una vez por todas, se supriman los inútiles semáforos y para transformar la glorieta improvisada en una rotonda en forma con toda la tecnología de la que hemos hablado en colaboraciones anteriores en donde los peatones cruzan de manera segura antes de llegar a ella y la geometría de su diseño mejora la seguridad y eficiencia del sistema.

No se pierda el desenlace de esta apasionante historia.