Por Ing. Javier Hinojosa
Consejero del Iplaneg

“Mantente con lo clásico y nunca te vas a equivocar. He visto damas maduras en la calle con un estilo fabuloso y me doy cuenta que es porque están vistiendo prendas verdaderamente clásicas que han usado durante años. Yo creo que si encuentras algo que te va bien, deberías conservarlo siempre.”
Alexa Chung, modelo y presentadora de TV británica.

Como muchos mexicanos, mi primer coche fue un vochito que me acompañó durante años y me llevó a todas partes, nunca me dejó tirado, y cuando me fallaba era fácil abrir la cubierta del motor y arreglarlo; aprendí a limpiarle las bujías, lijar los contactores del distribuidor y ponerlo a tiempo, aprendí a hacerle varios otros ajustes; las refacciones eran las mismas año tras año, las fabricaban una gran cantidad de proveedores y se conseguían baratas en cualquier refaccionaria; cualquier mecánico te podía hacer reparaciones mayores sin importar que estuvieras en un pueblito apartado o en una playa solitaria. Se produjeron 21 millones y medio de ellos con mínimos cambios durante 65 años.

El clásico y duradero escarabajo desapareció y no hubo sustituto; toda la oferta que siguió a la VW es similar a la de las demás armadoras: muchos modelos que cambian cada año, motores complejos con sofisticadas computadoras, costosas refacciones de fábrica que solo sirven a un modelo en particular y que requieren de expertos para arreglarlos.

El principio es válido, así le funcionó a Henry Ford durante años con el legendario Modelo T y a Nissan con el Tsuru, un caballito de batalla de los 90’s que sigue siendo de los económicos más vendidos y se fabrica solo en México para satisfacer la demanda de flotillas y taxistas.

Lo mismo sucede con todo lo que compramos: somos esclavos y víctimas de la Obsolescencia Programada de la que escribí anteriormente. Cámaras de video y digitales, hornos de microondas, ropa, zapatos, televisores, celulares, maquinaria y prácticamente todo lo que hoy compramos está diseñado para consumirse en un tiempo breve y tirarse, mientras que las fábricas siguen lanzando al mercado “nuevos productos” programados para fallar en el corto plazo. Los medios de comunicación nos bombardean día y noche para despertar nuestro deseo por cosas “nuevas”, endebles, superfluas, supuestamente más modernas y con funciones que no pedimos ni necesitamos, confundiendo moda con tecnología.

Parto de la base de que somos más los que estaríamos dispuestos a pagar lo justo (incluso un poco más) por artículos menos sofisticados que cumplan aceptablemente con su función primaria y sean tan robustos que puedan prestar servicio por muchos años e incluso generaciones como sucedía con tantos objetos que se heredaban de padres a hijos, lo que a la larga traería importantes economías para nosotros y enormes beneficios para el medio ambiente.

Intuyo que hay un grandísimo mercado, que aparentemente nadie ha visto o no ha querido explotar y que consiste en regresar a los orígenes de la industria y desarrollar productos robustos, pensados y diseñados para que cumplan su cometido, presten un buen servicio y teóricamente nunca tengas que deshacerte de ellos, tan sencillos como para que sin temor puedas apropiarte de su tecnología y poder entrarle al mantenimiento, las reparaciones y las mejoras, productos en los que desde su origen se calcule la duración de cada parte, reforzando aquellas de mayor desgaste o de mayor probabilidad de falla, de manera que los artefactos funcionen sin problemas durante una larga vida.

Considero que, entre otros muchos productos que se podrían manufacturar con esta filosofía, ahora que estamos sentados en medio de uno de los más grandes clústeres automotrices con toda una proveeduría clase mundial a la mano, podríamos dejar de ser simplemente proveedores de mano de obra barata, perderle el miedo a los fierros y montarnos, tarde pero seguros, a la ola automotriz, ahora como armadores diseñando carritos y camionetas de carga muy mexicanos, que se caractericen por ser como nosotros: aguantadores, serviciales, leales, sencillos y querendones, seguros de que se venderían como pan caliente a una gran mayoría de usuarios que, callados y pasivos nos tragamos ahora sin cuestionar todo lo que nos dice la publicidad y nos deslumbramos con productos tan relucientes como efímeros. En el fondo realmente valoramos y buscamos acceder a productos clásicos, simples y duraderos.