“El partido debe promover y acompañar a los mejores candidatos, hacer lo posible para llevarlos al triunfo y retirarse hasta las siguientes elecciones.”
Juan José Hinojosa Hinojosa.

Cuando el gobernador Oliva se reunió con los empresarios celayenses para solicitarles su apoyo para el candidato que el PAN tenía preparado, éstos le dijeron: “Nosotros ya tenemos candidato y es a quien vamos a apoyar, usted nos dice si lo lanzamos por el PAN o nos vamos con el otro partido”. La historia la conocemos: Ismael contendió por el PAN y ganó con holgura la elección. Sin ataduras al partido, sin mañas políticas y con cultura empresarial se dedicó a luchar en el breve tiempo que daba la ley a los alcaldes para hacer de Celaya una mejor ciudad, impulsó el IMIPE, trabajó con los municipios vecinos para integrar la Zona Metropolitana Laja-Bajío, embelleció el centro histórico con el Paseo Guadalupe, abrió la Av. Las Torres, dio muestras de probidad al transparentar con el cabildo el escándalo de los moches entre muchas otras cosas buenas que sucedieron durante su gestión, su sucesor salió de la misma cepa, repitió el triunfo y ahora da continuidad a las obras y proyectos que se iniciaron con Ismael.

La democracia que vivimos deja poco margen de elección y maniobra a la ciudadanía; las elecciones internas de los partidos -cada vez menos diferenciados- de donde salen los candidatos, se llevan a cabo en un círculo cerrado y reducido en donde los aspirantes son los mismos militantes que se cobran los favores electorales, se reciclan hasta el hastío y se reparten diputaciones, alcaldías, senadurías, secretarías o simples puestos públicos. Una vez elegido el candidato, al ciudadano solo le queda ejercer su derecho de voto entre el menos malo de las flacas caballadas que normalmente nos presentan.

Nuestra democracia requiere de un cambio y ese cambio no va a venir de la clase política; por el contrario, la clase política luchará con todo para preservar los privilegios que se han tomado y que pasivamente les hemos concedido. La participación ciudadana debe convertirse en algo más que buenos propósitos; somos rehenes de una clase política encumbrada: desde el presidente de la República hasta el más modesto funcionario, -con honrosas excepciones- han heredado y comparten una cultura de anquilosamiento en el poder, de corrupción e impunidad, de servirse con la cuchara grande y abusar de los privilegios que otorga el poder, de apretar a los ciudadanos en el cumplimiento de pesadas cargas tributarias y ejercer los dineros con frivolidad, cuando no con deshonestidad y despilfarro, otorgando servicios de mala calidad en una escalada de privilegios autootorgados que marcan una clara e inequitativa diferencia entre la clase gobernante y todos los demás.

En reciente discurso el flamante presidente de la Coparmex Gustavo de Hoyos Walther en representación de 36 mil empresas y millones de trabajadores, mencionó en Tijuana: “El gran potencial de crecimiento y desarrollo de México encuentra hoy un gran obstáculo: La debilidad de nuestras instituciones reflejado en un sistema legal, de justicia y penal que parece de un país subdesarrollado donde la corrupción y la impunidad son el principal lastre.

Los mexicanos estamos lastimados, una gran parte de la clase política, lejos de sensibilizarse ante los problemas de inseguridad, de injusticia, de corrupción y de pobreza siguen beneficiándose de manera ilegítima de los recursos públicos, y refiriéndose a la incapacidad y falta de compromiso de los legisladores para aprobar, en tiempo y forma, el Sistema Nacional Anticorrupción solicitada por 600,000 mexicanos que firmaron la iniciativa ciudadana de una ley de responsabilidades administrativas, se pronunció: Si los políticos se resisten a cambiar sus privilegios y anteponen sus intereses a los de los ciudadanos, seremos la sociedad civil organizada quienes obliguemos a caminar en el sentido que demanda el mundo entero. Esto es por México y es el momento en que los mexicanos lo tomemos en nuestras manos.

Las acciones de los empresarios en Celaya deben servirnos de ejemplo para ir transformando un sistema supuestamente democrático que no responde ni a los tiempos ni a las necesidades de la nación.

Por Ing. Javier Hinojosa
Consejero del Iplaneg