Yuriria, Gto. El Padre Alfonso Guzmán Ramírez, agustino, cursó sus estudios primarios en su ciudad natal y luego ingresó al seminario en la misma población. Siguió su llamado y pronto sus aptitudes intelectuales lo llevaron a estudiar Historia en Roma en una de las más prestigiadas universidades; la Gregoriana. A su regreso a México, se dedicó a la enseñanza en los niveles superiores de los candidatos a ordenarse sacerdotes.

Tuvo, además, responsabilidades como formador y en los años 80’s fue directivo de la Provincia Agustiniana de Michoacán, como secretario y asistente. Después también incursionaría en el trabajo pastoral siendo párroco. Con esta trayectoria el Padre Alfonso tuvo oportunidad de hacer amistad con intelectuales aunque jamás perdió su interés en las zonas desprotegidas y, año con año, solía ir a comunidades rurales de San Luis Potosí en Semana Santa.

En Moroleón hizo innumerables amistades y reveló un arraigado gusto por la fiesta brava. Participó en charlotadas para recaudar fondos, particularmente cando formó parte de la comisión encargada de construir la Casa Hipona que acaba de cumplir su 25° aniversario. En estas tareas dejó por un tiempo las tareas específicamente intelectuales aunque al menor descuido era evidente, por sus comentarios, su profundo conocimiento de la historia de su provincia y de México.

Hizo amigos entrañables con los que se reunía con cierta frecuencia. Su enfermedad fue prolongada y dolorosa pero su espíritu no se doblegó. Las generaciones que formó lo describen como un ameno intelectual que no vivía en una torre de marfil y a quien le gustaba la convivencia aunque en un tono mesurado. No se mencionan obras escritas suyas pero seguramente quienes lo escucharon, como docente y pastor, son sus mejores obras. Nació en Yuriria en 1933 y murió en Querétaro el pasado 3 de junio.