El hombre es llamado ser racional. Hombre o mujer comparten esta característica y por eso se dice que el cerebro no tiene sexo. Razonar equivale a pensar, es decir, manejar datos e información y encontrar un sentido o un propósito en todo ello. Quien habla “a tontas y locas” no es tomado en serio pues salta de un tema al otro con frases inconexas, incompletas o disparatadas. De hecho la locura se descrita como el descarrilamiento o la pérdida del sentido común del uso del lenguaje. No puedo llamar silla a la mesa o plato a la cuchara solo porque se me antoja pues de esa forma corto la conexión con los demás.

El lenguaje, las costumbres, la cultura son algo con lo que nos encontramos; son una realidad útil y perfeccionada. A medida que crecemos descubrimos la magia de la palabra y su relación con el pensamiento. Pensamos palabras y conceptos pues hay ideas que no tienen una imagen. Puedo pensar en alguien honesto pero no puedo ver la honestidad. Por eso es importante conocer el significado de las palabras e investigar las que ignoramos. Al acrecentar mi patrimonio verbal, agrando al mismo tiempo mi capacidad cerebral o pensante. Cuanto más ejercito mi pensamiento, en la misma medida cuento con más instrumentos a mi servicio.

Cada uno vemos el mundo según nuestras experiencias o aprendizajes. Hay personas optimistas que ven su entorno como algo positivo pero que aún admite mejora y se siente llamado a colaborar. Hay quienes ven su mundo con amargura y descalifican al prójimo y todas sus acciones porque supone que todos solo buscan su propio interés egoísta. Hay muchas personalidades y casi todas son una mezcla de varios ingredientes. Pues no hay una persona que solo y siempre sea optimista y otra que a todas horas derrame amargura y pesimismo.

A estas visiones personales solemos llamarles “filosofías personales” y las empresas han extendido este significado para mostrar “su filosofía empresarial” que también puede ser política, deportiva, estética, etc. Así, la palabra filosofía ha llegado a significar la manera peculiar en que una persona u organización ve el mundo o a ella misma. Vale la pena analizar cuánta verdad puede haber en estas opiniones.

Filosofar equivale a pensar. Como pensar todos lo hacemos, ¿qué distingue al pensar filosófico del pensar común? La palabra expresa el pensamiento por lo que las palabras inconexas equivalen a pensamiento inconexo. Palabras coherentes y lógicas nacen de una mente ordenada. A todos nos llama la atención un mensaje bien elaborado y decimos “él sí me convence: dice palabras claras y con convicción”. Es decir, su palabra está bien formulada y nace de sus valores personales.

La filosofía es entonces pensar ordenada y lógicamente y, de ser posible, hacerlo convincentemente. Tenemos entonces dos ingredientes: orden lógico y valores personales. Si le añadimos la belleza, entonces esa palabra alimenta, enriquece y alienta. ¿Vale la pena interesarse en o estudiar filosofía en la escuela? La palabra superficial considera que filosofar es perder el tiempo y perderse en ensoñaciones o ilusiones mentales. De seguir esa opinión, nos estamos privando del contacto y la conversación con las mentes más brillantes de nuestro planeta. La filosofía no excluye sino que abraza todo lo relacionado con el ser humano. El ser humano inventa, descubre, resuelve, canta, danza, escribe, pinta, esculpe, delinque, etc. Toda esta realidad es tratada y analizada por la filosofía.

Si usted o su hijo o hija estudiante se interesa en la filosofía, encontrará que los filósofos buscan la manera de ser felices, de ser útiles a la sociedad, de resolver problemas y de encontrar respuestas. Y, después de todo, los niños pequeños tienen como costumbre preguntar todo el día y a cada momento: “¿por qué?”. Pero al crecer callamos esa actitud y eso nos aleja de la filosofía, es decir, del intento de conocernos mejor.