Por Ing. Javier Hinojosa
Presidente del Iplaneg

“¿Cuál es el beneficio de las estrellas, los árboles, el sol y el viento, si no entran en nuestra vida cotidiana?”
Edward Morgan Forster, novelista inglés.

Negociar con la familia las actividades del fin de semana no es fácil; las probabilidades de éxito en una negociación para asistir a una conferencia sobre plantas un sábado a las 5 de la tarde son prácticamente nulas, (aún antes de comentar que el domingo la ponencia se iba a complementar con un taller de campo toda la mañana en el cerro del Palenque!). En verdad el tema me resultaba irresistible; yo venía arrastrando una añeja inquietud de entender el porqué de los frecuentes fracasos en las campañas de reforestación, sin importar cuánto dinero o buena voluntad se aplique a la tarea, al final el resultado era un porcentaje sumamente bajo de árboles vivos y sanos que requerían de exhaustivos cuidados. Hube de ceder en la negociación para que, sin convicción y con caras largas me acompañaran a la conferencia.

La doctora Rosario Terrones de inmediato captó mi atención y la de mi esposa. En la conferencia se trataron temas como la Naturación Urbana, cómo cubriendo los techos con plantas de zonas áridas que requieren poco manteniento no solo se consigue un resultado estético con formas, texturas, colores y olores, sino que ayudan a mantener el equilibrio del ecosistema. Nos explicó cómo la vegetación urbana, cuando es la apropiada, proporciona oxígeno, agua, suelo fértil, poliniza las flores, produce frutos, amortigua la contaminación y genera humedad mejorando nuestra calidad de vida; mostró fotos de edificios con vegetación en varios países.

Nos platicó cómo, desde tiempos inmemoriales flora y fauna silvestre sobreviven en corredores biológicos formados por cinturones con vegetación que han existido a lo largo de todo el continente y que hemos interrumpido con la creciente urbanización y cómo las áreas verdes y bosques urbanos con plantas nativas da continuidad a estos corredores permitiéndoles a mariposas, aves y animales migratorios, su tránsito y sobrevivencia.

Nos hizo ver cómo a la hora de seleccionar árboles, para nuestras casas -y las autoridades para plantarlos en camellones, banquetas y parques- decidimos con criterios económicos, estéticos o de disponibilidad en los viveros locales y no analizamos la pertinencia de las especies de acuerdo a la región y el entorno. Los resultados son conocidos: raíces que rompen banquetas, tapan tuberías, generan alergias, estorban el paso de peatones o simplemente no sobreviven. Nos mostró cómo la creación de barreras y cercos vivos ayudan a disminuir las heladas y los insectos plaga, delimitan los terrenos, disminuyen la velocidad del viento y evitan la erosión.

Fue tal el interés que despertó en todos los asistentes que al día siguiente estábamos puntuales en el lugar de reunión. Caminamos hacia Cañada de Negros, nos adentramos en nuestros vehículos unos 3 kilómetros hacia el cerro, pasando la presa, hasta que ya no fue posible continuar en auto. Ya a pié, el grupo de 15 personas pusimos atención a las palabras de la doctora:

*Hay que apreciar los aromas de las plantas, mirar y diferenciar las especies y escuchar los sonidos de la naturaleza, las aves, el viento, los insectos.

*Esta frescura que sentimos a la sombra de este enorme Cuaquil o Palo de Zorra es un microclima natural, equivalente a múltiples equipos de aire acondicionado.

*Esta es una vegetación característica de una selva baja caducifolia.

*Las hojas, cuanto más pequeñas menos evaporan y más conservan la humedad, las que más conservan el agua son las cactáceas cuyas espinas son las hojas que reciben y absorben el rocío permitiéndoles incluso crecer sobre las rocas; se apreciaban dispersos por la zona, altos cactus verdes con forma de candelabros.

*Este árbol es un Acebuche, se le nombra así por sus propiedades curativas al hacer buches con agua de sus hojas, aquel es Tepame, ese otro es un Tepehuaje con más de 100 años, aquel con flores como barbas de chivo es un Viejo,