Por Ing. Javier Hinojosa
Presidente del Iplaneg

“Es cierto que no podemos cambiar las circunstancias en las que nacimos y algunos de nosotros lo hicimos en lugares más duros que otros. Pero solo porque empezamos allí no significa que allí tengamos que terminar.” Michael Oher, estrella de futbol americano.

Hace 17 años, a del actual gobernador, cuando era alcalde de Purísima del Rincón, un grupo de 4 amigos empresarios fundamos en las afueras de la ciudad en una zona bastante marginada, la Escuela de Educación especial Nueva Esperanza, para atender a niños y jóvenes con discapacidad o de lento aprendizaje de la región. Con el paso del tiempo se fueron construyendo aulas, un auditorio, dos modestas canchas, una de baloncesto y otra de fútbol y eventualmente nos quedamos mi señora y yo a cargo del patronato de la escuela.

Al ver que otra instancia gubernamental comenzó a proporcionar el mismo servicio, nos quedamos solo con la especialidad de atención a invidentes y débiles visuales y decidimos transformarla en un Centro Comunitario en donde más de un centenar de niños en dos turnos hacen sus tareas, practican deportes y actividades extracurriculares, jóvenes que toman cursos en línea, de la UVEG o presenciales con el INAEBA, cursos de cocina, manualidades y superación personal y, con insumos del DIF; madres voluntarias hacen milagros para proporcionar a los niños alimentos que para muchos de ellos es su comida fuerte del día.

En muchos hogares de esta zona se viven dramas cotidianos de violencia intrafamiliar, abandono paterno, promiscuidad, abusos, alcoholismo, drogadicción, desnutrición y embarazos prematuros, por lo que los niños en estas circunstancias son presa fácil del ocio, la deserción escolar, las drogas, y el pandillerismo. No sé en qué momento los valores familiares se empezaron a deteriorar, lo cierto es que es un fenómeno que se ha venido dando de manera estrepitosa en zonas marginadas y residenciales por igual; madres que trabajan y padres ausentes que dejan un vacío cubierto por la campaña intensiva de escenas de sexo, violencia y exaltación de anti-valores en la televisión, la radio y los medios impresos; la exposición cercana y familiar a drogas suaves y duras, al sexo irresponsable, al ejemplo que dan a los menores las pandillas de jóvenes sin oficio y las hazañas de narcos alabadas en corridos, películas, noticias y videos que forjan perversas aspiraciones en la dúctil personalidad de los menores.

Con el ánimo de fortalecer los valores y crear actividades en familia en la zona, hace meses montamos sesiones de cine motivacional los sábados por la noche. Como tantos proyectos que se inician con buena voluntad y poca experiencia nuestras primeras dos sesiones fueron un rotundo fracaso: una equivocada selección de la película, una pobre promoción y deficiencias técnicas de audio y video, hicieron que lo que empezaba con una asistencia multitudinaria terminara como fúnebre desierto.

Este sábado, con el aprendizaje de los 2 fracasos anteriores, nos armamos con un buen proyector, un par de bocinas de buena factura, una mejor promoción, un par de cortometrajes introductorios al tema de la familia que presentó mi amigo Ramón, acompañado de dos jovencitos rescatados por él del pandillerismo y la película “Un sueño posible” con Sandra Bullock, y logramos la hazaña de retener a cerca del 70% de la heterogénea audiencia compuesta de padres, niños, jóvenes, bebés y uno que otro despistado, todos atentos a la conmovedora historia de Michael Oher el joven gigantón de color, quien adoptado por una familia rica a pesar de sus misérrimos orígenes, sale adelante, termina la universidad y se convierte en una súper estrella del futbol americano. El mismo sueño que nos alienta a nosotros cuando vemos a algunos de nuestros jovencitos terminar la prepa e ingresar a la universidad.

Con 2 millones de pobres en el estado y medio millón de ellos en León que nacen y viven estas circunstancias difíciles, se impone una campaña en donde tenemos que ir de la mano ciudadanos y gobierno priorizando el apoyo a los menos favorecidos sobre muchos otros proyectos.

No se ve remedio a la vista para disminuir las desigualdades de estos tiempos; nuestros gobiernos han sido tibios e ineficientes y los índices de pobreza y delincuencia no ocultan la realidad que se vive en las calles y en las zonas marginadas. No podemos quedarnos esperando a ver qué hace el gobierno o que venga la ONU a hacer algo por esos niños que están a las orillas de nuestras ciudades.

Sin tener que ir tan lejos como la familia Tuohy con el joven Oher a quien adoptaron y llevaron a su propia casa, tú y yo -amable lector- podríamos acercarnos y convertirnos en tutores de uno por lo menos de esos niños que están ahí a nuestro alcance, que todavía están a tiempo de ser moldeados y que todo lo que necesitan es un “empujoncito” de alguien como tú o como yo que tenemos la dicha de vivir en mejores circunstancias, la fortuna de estar mejor preparados para sortear la vida, la capacidad de influir en nuestro entorno y que con muy poco de nuestro tiempo y voluntad podríamos cambiarlo para que no tenga que terminar en las mismas tristes circunstancias en las que le tocó nacer, o convertirse con el tiempo en una amenaza para nosotros mismos o nuestros hijos.